SUJETOS Y EXCLUSIÓN

(Respuestas a un cuestionario sobre el tema).

Pregunta:
Estoy tratando de elaborar un pequeño documento acerca de la constitución del sujeto, en la mirada de la Educación Especial, porque así me lo pidieron. Pero yo no quiero hacerlo desde esa concepción de la persona discapacitada vista como “incapaz”. Más bien quisiera verlo desde la mirada de cualquier sujeto que, además, es un ser socio-político, con derechos y con deberes.
Tengo muchos reparos frente a la llamada inclusión de la que tanto se habla en la Pedagógica y quisiera enmarcar ese tema de la constitución del sujeto dentro de la concepción de la inclusión y de la práctica de la inclusión.
¿Puedo pedirle su orientación y su guía sobre cómo podría desarrollar esto?
Respuesta:
En cuanto a lo del sujeto: no es un tema fácil. Creo que ese discurso que, a mi juicio, era resultado de una reflexión filosófica, se desmoronó con las críticas de la postmodernidad. Porque no fue más que eso, un discurso sobre un ente abstracto, “El Sujeto”, discurso que no tenía nada que ver con la vida real que contenía en su ser ( el ser de la vida real) la negación del sujeto discursivo. “…sujeto…ser socio-político, con derechos y con deberes”. Basta mirar a la Europa que construye ese discurso (porque, además, no hubiera sido posible construirlo fuera de Europa), destruyendo mundos. Allí, en ese campo, los dominadores y los dominados, en términos “freireanos”, se niegan como sujetos.
Tanto en el mundo capitalista como en el del socialismo real, para nombrar las dos grandes expresiones vivenciales de la modernidad, los seres humanos fueron “cosificados”, convertidos en mercancías o en vulgares instrumentos de producción. No se podía construir sujetos reales con las diferencias sociales que surgieron. Esa conciencia autónoma, libre y responsable, era una ilusión filosófica, como eran ilusión política “Los Derechos del Hombre y del Ciudadano”. Claro, para algunos, ahí siguen como ilusión. Para los maestros con formación política, por ejemplo, y entendiéndolos como derechos sociales, porque maestro que no sea iluso, no merece tal nombre. Pero un maestro iluso con formación política, no es un bobo, sino alguien que trabaja conscientemente, con algún tipo de sentido transformador.
Lo de la inclusión y la exclusión, podría abordarse desde dos aspectos: uno sociológico, viendo el sistema social como un instrumento de satisfacción de necesidades de todos los humanos, donde todos somos relación social necesaria y, por lo tanto, nadie puede quedar excluido. Justamente, aquí hay que hacerse preguntas acerca de por qué, si esto es así, hay “asociados” que van quedando excluidos. Qué pasa con el sistema; dónde está fallando. Para quiénes funciona y para quiénes no, y por qué. Sobre esto me oiste hablar en clase, muchas veces.
El otro aspecto es el filosófico-metafísico o trascendental, para llamarlo de alguna forma, donde haríamos una reflexión acerca de lo que es el ser humano y su negación cuando niega a otros. Sobre este tema ayudan las lecturas de Pablo Freire.
Después de reflexionar sobre eso, yo pondría sobre el tapete, al final del escrito, el caso concreto de las personas físicamente limitadas, diferentes, o como se las llame.
Ahora bien, hay cosas que hay que tener en cuenta: la discriminación o exclusión por limitaciones físicas, no es la única. Se encuentra discriminación por motivos socio-económicos, políticos, ideológicos, étnicos, de género, sexuales, de estatura… Bien podríamos decir que las culturas son máquinas de discriminación, y eso por una razón: porque es a través de la cultura como nos metemos en la cabeza, la naturaleza y la “naturalidad” del mundo que se fijan en nuestro sistema neuronal, como lo ha explicado el profesor Humberto Maturana.
La cultura occidental no es ajena a este proceso. Comenzó con la valoración distinta entre griegos y bárbaros como lo muestra el maestro Fontana en su libro Europa ante el Espejo. Pero lo que caracteriza a esta cultura es que va a desarrollar, a través de su desenvolvimiento, una idea de igualdad. De igualdad “entre iguales”, entre los mismos griegos, al principio. Después, de igualdad ante Dios ( tal vez por una herencia estoica), según el cristianismo. Luego, de igualdad ante la ley, según el pensamiento burgués. Finalmente, de igualdad ante la vida, según las perspectivas de Marx.
Ahora, ante el ocaso del pensamiento igualiatario, por déficit vivencial, nos encontramos, creo yo, ante dos grandes respuestas: una que comienza a afirmar, abiertamente, que la igualdad humana es imposible ( lo había sostenido el historiador griego Tucídides) y que sirve como “filosofía” del capitalismo salvaje, y otra, con apariencia tierna y, por lo mismo, más peligrosa, que nos dice que “somos diferentes”. ( ¡ Y qué diferentes!). A decir verdad, en el fondo llevan a lo mismo.
Pero, desde un punto de vista práctico, y teniendo en cuenta que somos pedagogos, tal vez podamos retomar el ideal de igualdad de la modernidad y preguntarnos: ¿con base en qué, una sociedad que se pretende fundada en valores igualitarios, discrimina? En términos más concretos, ¿por qué discrimina a personas con limitaciones físicas si ellas se preparan para desempeñarse adecuadamente en la vida diaria?
Ah, y no hay que olvidar que, desde una situación muy concreta, Colombia es una de las sociedades con mayor grado de exclusión, en el mundo. Nuestros excluídos lo son, en este espacio concreto. En esto no podemos ser etéreos pues, como lo sabemos, la palabra puede servir para des-velar pero, también, para diluir.
Consideración: es tarea radical de los educadores, luchar contra todo tipo de discriminación

Pregunta:
Para manejar este tema de la constitución del sujeto se podría hacer un recorrido en la Historia y ver cómo más que constituirlo lo que se ha hecho es “destituirlo” (no encuentro otra palabra) de su condición.¿Le parece que podría hacerse así?

Respuesta
Destituirlo, ¿de dónde? ¿o de qué? Me parece que la construcción del “Sujeto”, se da a la par con la deconstrucción ( para usar un término de Derrida, si mal no estoy) de la idea de “cristiano”, con su significado de dependiente de la Voluntad Divina.
Ahora hay una visión secular del mundo y se piensa que cada in-dividuo tiene una Conciencia Autónoma que decide sus acciones. Y que, por lo tanto, podría ser ética, si el individuo se percibe como “átomo social”.
De todas maneras, no olvidemos que las ideas son expresión de las relaciones sociales y que, por más bien intencionadas y filosóficas (tomado este último término en un sentido de validez universal) que sean, siempre mostrarán la paternidad de esas relaciones.
La construcción del sujeto se da en un contexto de afirmación del capitalismo, sistema que toma como fundamento la propiedad privada como un derecho natural. A partir de esta entidad-eje, habrán de tejerse las relaciones sociales en términos amplios y, en términos concretos, el derecho, el Estado ( éste, generado por y, a su vez, generador de sujetos) y todo el conjunto de ideas aparecidas como razones legitimadoras, dentro de las cuales están las que se ocupan de la construcción del “Sujeto”.
Como lo escribí en otro lado, sin ser original, por supuesto, el “Sujeto” de la sociedad moderna no es otro que el “Capital” que da id-entidad a los “sujetos”, y estos son los individuos propietarios que, además, compiten, a veces ferozmente, para aumentarlo o, en última instancia, para no dejarse quebrar. Esta competencia lleva, por un lado, a convertir el trabajo en una nueva servidumbre y en un infierno la vida de muchos por falta de empleo, porque, en esta sociedad, ser explotado ( “ser empleado”, en términos funcionales o aceptables), se ha convertido en un privilegio. Privilegio cada vez más escaso como lo son el agua, y el aire puro.
Por otro lado, esta competencia lleva a dominar continentes enteros, imponiéndoles la modernidad como modernización, es decir, como un barniz a través del cual los engancharon al dominio mundial del “Capital”. Modernización es el nombre que se da al proceso de sufrir la modernidad.

Este proceso conllevó la creación de una sociedad (término que podemos entender más en un sentido económico que social) altamente estratificada y diferenciada por la tenencia o no tenencia de propiedad: por un lado, el grupo de propietarios estratificados y, por otro, el de los no propietarios, también estratificados, a su vez.
Aquí, en lo últimamente planteado, se da la vida real que nos mostraría la existencia, también real, de distintas “sujetividades”, es decir, la existencia de unos sujetos que son más sujetos que otros. Eso lo resolvió la construcción del “Sujeto”, categoría absolutamente abstracta y universal que representa a todos y a nadie. Pero que dejaba a salvo la conciencia filosófica moderna, como la había dejado a salvo políticamente la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, arriba citada, y que, desde el punto de vista de la historia real, podemos apreciar como una declaración de cinismo.
¿De dónde arrancar, entonces, la reflexión? Mi sugerencia sería partir de la deconstrucción que ha hecho el pensamiento postmoderno, teniendo en cuenta que esa decontrucción no se hace porque la idea o la categoría de “Sujeto” fuera, mala o absurda “en sí”, sino porque no tenía asidero en la realidad vivencial. La gran pregunta sería: ¿Por qué no tuvo asidero en esa vida real?
Pregunta:
¿Hablaríamos de constitución o de construcción del sujeto?¿ Cuál sería la diferencia entre estos dos términos?

Respuesta
Yo creo que el debate sobre el sujeto se está dando, fundamentalmente, en términos conceptuales. En este sentido sería preferible utilizar el término “constitución”, del verbo latino constituere que entre sus significados tiene dos que nos atañen: fundar, instituir.
Instituir el Sujeto es establecerlo como categoría de análisis, con perspectiva filosófica, creo yo. Pero también como categoría de filosofía política. (Además, hoy se habla de “Sujetos Sociales”). Esto nos permite verlo como una entidad viva, autónoma, capaz de vivificar discursos. El problema es que los discursos van por un camino y la vida real, por otro.
El verbo construir, del latín construere, podemos dejarlo más bien para el proceso teórico-práctico de la paideia, o sea, de la formación. Pero entendida como co-contrucción (a pesar de que pueda sonar etimológicamente redundante), es decir, no en una forma unilateral (“El maestro sabe”), negadora de una posible “sujetividad”.
El comentario final que podría hacer, desde una perspectiva histórica, es que la modernidad instituyó el sujeto antes de construirlo. A eso, a mi juicio, apuntaría uno de los ataques de la llamada postmodernidad que, tal como la entiendo, no es más que la misma modernidad, expresada en su negativa a realizar los sueños con que había ilusionado al mundo.
Post Scriptum
Pregunta: ¿en esa vida real que usted menciona, ser unos sujetos más que otros, entraría la reflexión de la exclusión, o se refiere a la propia sujetividad?
La sujetividad* es el atributo del sujeto como la ciudadanía es el atributo del ciudadano. La sujetividad es algo así como la personalidad moral y ética del “Sujeto”. La exclusión se da siempre porque el excluido, forma parte de algo: de una sociedad, de una nación, de la humanidad, etc.
La diferencia de sujetividades se da porque hay algún tipo de exclusión. Si en el capitalismo (que es mostrado como “democracia vivencial”) ,el tener otorga el ser( ser “Sujeto”), tener más, es ser más sujeto, y tener menos, es ser menos sujeto. Y no tener nada, es no ser sujeto. En otras palabras, es no ser nadie. Aquí la sujetividad pasa a ser reemplazada por la desechabilidad, categoría referidad a los de abajo, pero, esa sí, universal, “impregnadora”de todo lo humano.
Veamos, a título de ejemplo, lo que corre por nuestras “venas abiertas” : Colombia ( Latín, Columba= paloma, ¡símbolo de la paz! ) es uno de los países con mayor grado de exclusión, en el mundo. En todos los aspectos. En el aspecto social, y con indicadores orientados a disminuirla, tenemos 20 millones de la población en la pobreza, de los cuales hay 8 en la indigencia. De acuerdo con lo que se ha planteado en el texto, y a modo casi de caricatura, tendríamos :sujetos, sujeticos y no sujetos. De las dos últimas categorías salen, mayoritariamente, los anti-sujetos del sistema. Es decir, la exclusión disminuye o anula la sujetividad. Y genera anti-sujetividad. Aquí podríamos preguntarnos si esta anti-sujetividad de los excluídos no es el resultado de una previa anti-sujetividad de los incluídos. De todas maneras, esto anularía cualquier sujetividad universal.
Pero, desde un punto de vista sociológico, podemos formurlarnos dos preguntas: 1) ¿Una agrupación que tiene la mitad de sus habitantes en la pobreza ( habiendo, realmente, tanta riqueza), merece llamarse sociedad? Y 2) ¿Una agrupación que excluye en esos niveles, podrá, realmente ( no con promesas ideológicas, de futuro) incluir? Sigamos, allí mismo, con el aspecto étnico: una élite blanca o blanco-mestiza, discrimina al resto.
Pasando la página…
Desde la humanidad: hay grupos que no consideran humanos a los negros o a los indios.. Y puedes seguir en todas las áreas de discriminación. En un grupo machista, la mujer no es vista como ser humano completo. No puede ser sacerdote, por ejemplo.
A título de ejercicio veamos, ahora, los Sujetos “concretos”, con su correspondientes “sujetividades” (derechos prácticos, satisfacción de necesidades de todo tipo), en Colombia y hagamos una pregunta: ¿cómo definiríamos al “Sujeto”colombiano?
Tal vez encontremos algún tipo de respuesta en la práctica de la paideia.

* Dejo el término subjetividad, para cuestiones epistemológicas.

Weston, noviembre de 2009-11-04
Cuestionario enviado por
Marietta Lucía Alarcón G.

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