DE SONRISAS Y TRISTEZAS…EN POLÍTICA

DE SONRISAS Y TRISTEZAS…EN POLÍTICA
Me gusta mirar fotografías. No sé qué extraña tentación o morbo me presiona a hacerlo. Fotografías de seres humanos, por supuesto. Me quedo mirándolas fija y detenidamente.
Veo: los rasgos físicos, la vestimenta, el entorno, pero, por sobre todas las cosas, eso que yo llamaría “las honduras del alma”. Lo que se esconde detrás de la sonrisa y lo que duele detrás de la tristeza. Y me viene a la mente el hecho de saber que, por un lado, esa estampa es un intento de “presentificar” la vida; de reducir el movimiento eterno, de detener el tiempo, concepto que nos hemos inventado para domesticar ese movimiento. Por eso decimos, o alguien dice, al ver la fotografía: ese soy yo el día que… esa de atrás es la tía Pepa; miren: es el abuelo el día en que murió la abuela. Este es Hitler una semana antes de invadir Polonia. Ojo: es el presidente Kennedy, unos segundos antes de que le dispararan…
La fotografía es un pasado que se constituye en presente eterno. Por lo menos, para el personaje que aparece allí. Pero, por otro lado, y aquí están las ironías de la vida, como pasado, ese presente es, para el representado, un presente muerto. Algo que ya se fue. Ese yo que “estoy ahí”, ya no soy yo.
Toda fotografía en su ser presente es, al mismo tiempo, un momento de defunción. Es lo que fuimos. O, con título de cine romántico, lo que el viento se llevó.
Y, en estos días de crisis (por no decir años eternos), he visto unas fotos especiales. Muy especiales. Son fotos de políticos. ¡Vaya!, me dirán ustedes, ¿realmente no tienes algo menos inútil que hacer? Y yo les respondería: la verdad no. Hasta aquí me ha conducido esta “nadidad” posmoderna que ha impregnado hasta los tuétanos, el vivir.
La tentación de ver fotografías de los políticos tiene que ver, creo yo, con esa ilusión de la felicidad que se expresa en su cara y que irradia el futuro que nos prometen. O, quizás, tiene que ver con su cinismo que manejan con una maestría tal que cuando están pensando en sus intereses personales, nos hacen creer que están pensando en los nuestros; en los de todos los ciudadanos. Por eso, en este caso, a veces es tan difícil llegar a “las honduras del alma”; hay que contentarse con las facetas del rostro.
En medio de esta depresión económica que produce depresión sicológica e inestabilidad moral (para salvarse de de ella, cualquier medio es permitido. Aunque ya lo fue para llegar a ella, claro), he visto reír a muchos políticos. Y estrechar sus manos con una fuerza y una confianza tales que parece que con ello están redimiendo nuestras penas económicas y políticas.
Mijo, o mi amor; my love o my sweetheart; o mon amour, le dice la esposa al político (según las zonas geográficas y culturales), ¡cómo quedaste de creíble en esa foto! Y, por supuesto, ella tiene por qué saberlo. Él ha hecho su mejor esfuerzo, no sólo para posar con esa sonrisa ficticia que parece verdadera, sino para contratar al mejor publicista, o al mejor fotógrafo. Pero él está allí creíble. Tan creíble que su esposa lo ve creíble.
Así, he visto reír a José Durao Barroso, Presidente de la Comisión Europea; a Catherine Ashton, Representante de Asuntos Externos de la Unión Europea; a Rodríguez Zapatero, a Silvio Berlusconi y al griego, ahora momentáneamente “jubilado”, Yorgos Papandreu. Se rió tantas veces mientras las calles de Atenas ardían en protestas…
Hasta el presidente Obama ha reído. Con gran esfuerzo pero ha reído.
Es más: recientemente ha hecho gala de buen humor: le ofreció al nuevo Primer Ministro griego Georgios Papadopoulos, la ayuda de Estados Unidos para superar la crisis de la deuda. Esto en un momento en que la deuda americana ya pasó los 15 trillones y en que la Comisión Bipartidista encargada de proponer un comienzo de solución al problema, ha declarado que fue imposible ponerse de acuerdo, arriesgándose a una nueva descalificación por parte de las agencias respectivas. Claro que Papadopoulos, otro humorista, aceptó el ofrecimiento con una sonrisa.
Pero a quien he visto reír tanto, en estos últimos días, es a don Mariano Rajoy, elegido por una mayoría abrumadora como Jefe del Gobierno Español. Ha salido a los balcones a levantar su mano y a sonreírle al público. Nos ha dicho poco menos que la Historia de España se cortará en dos: AMR y DMR. Léase: Antes de Mariano Rajoy y, Después de Mariano Rajoy.
Con oratoria caliente por los aplausos y los gritos de victoria, nos llevó a la Época Imperial del Carlos V del Siglo XVI al decirnos que España (bajo su gobierno) estaría donde debe estar: a la cabeza de Europa. Y le estampó un beso a su esposa como en cualquier besatón de triunfo que se respete.
Por eso me sorprendí al ver la página 4A de El Nuevo Herald del día 23 de este mes de noviembre en la que, bajo el título “Recelo de mercados por crisis en España”, aparece una fotografía del señor Rajoy con sus lentes trasparentes y el rostro apesadumbrado, como si hubiese visto un fantasma. Y, no es para menos: la señora Merkel que, como excepción en los políticos, casi nunca ríe, lo ha llamado para que “aplique” inmediatamente su triunfo a tomar las medidas necesarias para que España no vaya al rescate. Lo mismo hicieron “Los Mercados” al aumentar la prima de la deuda. Esto debió trastornar los sueños imperiales del señor Rajoy y ponerlo en la realidad cruel e incierta de la burbuja del ladrillo y del crecimiento a debe que ha llevado a España a donde está, y para arreglar la cual, nunca presentó un programa sino que se limitó a cabalgar sobre las desdichas de Rodríguez Zapatero, con un aire triunfalista que lo hacía sentir como el elegido de los dioses. O de sus representantes en la tierra que tanta participación tuvieron en su triunfo.
Pero, ¿para qué presentar un programa?, habrá pensado el señor Rajoy. Y con buena razón. En efecto: en los tiempos de la buena política, los programas eran presentados por los partidos políticos que eran los intermediarios entre los ciudadanos y el Estado y que buscaban el poder de administración para dar respuesta a las necesidades insatisfechas de los ciudadanos. El programa era defendido por el candidato. Pero hoy, cuando la política ya no es lo que era, los partidos son máquinas electorales y el candidato, el producto que se vende a través del Márketing para triunfar sin ninguna ética política, sólo apuntando a conservar las prebendas, o a lograrlas si se estaba en la oposición.
Y, entonces…¿ el programa? Este lo tienen listo “Los Mercados”. Se limita a “Ajuste Fiscal”. O sea: desregularización laboral, recorte en pensiones o aumento de la edad para pensionarse, impuestos indirectos por la vía del IVA; recortes sociales de todo tipo, lo que impacta la educación, la salud, la vivienda, los auxilios para la tercera edad y para los niños, el trabajo cultural, etc.
Es decir, se produce la ruptura del “Pacto Social” que nos ha constituido como sociedad política, dejándonos a la deriva con un ¡sálvese quien pueda! de por medio, con todo lo que esto implica como desastre individual y colectivo.
¿Será esto lo que ha visto el señor Rajoy en la foto que les comento?
Muy seguramente. Esto y mucho más: las plazas de España llenas de indignados por las medidas que va a tomar y que aumentarán la recesión, como ha pasado en Grecia y en Portugal. De lo contrario, no se explicaría esa cara de tristeza y de asombro, después de tantas risas. Tenía razón el poeta al escribir aquellos versos de “Reír llorando”:
¡Ay, cuántas veces al reír se llora!
Nadie en lo alegre de la risa fíe;
Porque en los seres que el dolor devora
El alma llora, cuando el rostro ríe.

Jorge Mora Forero,
Weston, noviembre del 2011

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6 respuestas a DE SONRISAS Y TRISTEZAS…EN POLÍTICA

  1. Francisco Berrueta dijo:

    Fotografía, mágica invención humana en la que como el autor anota, el pasado, el presente y el futuro pierden su esencia, al menos desde una perspectiva humana… aunque tal vez deberíamos decir que la obtienen, si observamos el tiempo desde una visión relativista.

    Pero dejemos atrás la disertación física del tiempo pues el articulo se debe más a su contenido político y sobre todo el del uso de la imagen como instrumento manipulador de masas.

    En efecto concuerdo con el autor en que dada la irrelevancia programática en la política actual, como lo explica el articulo, la imagen deja de ser un instrumento efectivo y eficiente y se convierte en el fin mismo del proceso político… al fin y al cabo esa imagen es la que asegura la obtención de los retornos y beneficios que se persiguen

    Excelente articulo, muchas gracias por compartirlo y especialmente por usar medios de difusión en la nube tan populares en estos días de crisis política, económica y social.

    Crisis de pensamiento que incluso tocan los mas sólidos pilares de la física moderna (pues como sabemos los neutrinos están dando mucho de qué hablar recientemente)…

    • Administrator dijo:

      Muy buen comentario. Sólo agregaría que eso que llaman “el pueblo”, o, por lo menos, una parte de él, como “Los Indignados”, por ejemplo, ya lee entre líneas las estampas fotográficas de los políticos que sonríen, y las detecta como la burla a su difícil situación social en medio de la cual ha sido ahogado un futuro mejor. Máxime cuando los mismos políticos al estilo de Rajoy, Papadopoulos, Monti, o su “llorente” Ministra del Trabajo, le piden al pueblo más sacrificios para lograr ese futuro. Es como pedirle a alguien que está con la soga al cuello, que se apriete más la soga si quiere, luego, respirar mejor. Pero, en política, hasta eso es posible.
      Ah, y es posible, también, que haya algo más veloz que los neutrinos: la imparable crisis económica que, con sus desastrosos reflejos sociales, es el nuevo fantasma que recorre el mundo…

  2. Cristina B. dijo:

    Si el autor me pusiera a escoger entre las dos fotos que enuncia de Rajoy, la de la sonrisa, y, aquella en la que se encuentra apesadumbrado, yo, como observadora de las mismas, me quedo con la que está alegre, y me gustaría que siempre saliera así aunque en el fondo sepamos que es una farsa, que no es lo que se llama una “sonrisa Duchenne” ,ó, auténtica, pues si queremos que nuestro ser sienta dicha, nada mejor para el alma que una sonrisa. Además, ¿Qué ganariamos con una epidemia de pesadumbre?

    • Administrator dijo:

      Alegrarse por algo que es farsa, es el autoengaño. Reconozco que, a veces (o, quizás, siempre) la vida nos lleva a eso. Pero, el autoengaño funciona si estamos convencidos de que la farsa no es tal. De lo contrario no. En la película de terror, por ejemplo; el terror produce su efecto sobre nosotros si nos convencemos, por lo menos “en el momento”, que la situación es real y no sólo una película.
      En política, la película es la sonrisa del actor, y la situación real, el deterioro socieconómico.

  3. Angélica Fernández dijo:

    Existe un encanto especial, en tratar de capturar todo aquéllo que nos trasmite el observar una fotografía: testimonio de añoranzas, de felicidad compartida, de tristeza
    quizás… y allí están como fieles testigos de diferentes etapas de nuestra existencia.
    En este mosaico de vivencias, que se nos viene a la memoria al evocar las múltiples estampas, tenemos la sensación que cada una de ellas, significa un momento único e irrepetible, hasta mágico que quedó plasmado en el papel y que reflejan las “honduras del alma”, como bien señala el autor.

    Pienso, que el mejor regalo que el Creador, le hizo al ser humano, fue dotarlo de la capacidad de demostrar su alegría a través de la sonrisa, porque el rostro es el espejo del alma; en él se manifiestan los distintos estados anímicos , las distintas disposiciones internas; siempre será mas atrayente un rostro de aspecto alegre, optimista, triunfador, que el ceño adusto o el gesto amargado.

    La clase política ,sabe sacar dividendos extraordinarios, de sus “puestas en escena “,
    donde no se escatiman ni sonrisas, ni besos, ni abrazos, etc,etc, con el afán de “vender
    su imagen” de la mejor manera posible, porque tienen absolutamente claro, que su
    mayor capital es la manera que lleguen a su público, ya que de ello dependerá su triunfo o su derrota; en segundo plano queda:si se hace buena o mala política, si hay o no programa, si los partidos políticos son los intermediarios entre la ciudadanía y el Estado, porque pareciera ser, que lo único importante es llegar a la meta, no importando principios, ni ética, de allí, que tenemos los políticos que tenemos , que
    cuando tienen que hacerse presente, brillan lamentablemente por su ausencia, lo acabamos de ver , en el conflicto estudiantil en Chile, donde se remitieron a ser “buzones” para recibir peticiones de los estudiantes.

    Pero, no olvidemos que estamos hablando de políticos:
    ¿Quién no conoce cómo actúan? ¿Cuándo han actuado diferente? ¿Nos engañan o nos dejamos engañar?
    Finalmente, coincido con el autor, en que tenía razón el poeta al escribir aquellos versos de “Reir Llorando”:
    “El carnaval del mundo engaña tanto,
    que las vidas son breves mascaradas:
    ¡ aquí aprendemos a reir con llanto
    y también a llorar con carcajadas ! ”
    etapas de nuestra existencia.

  4. Luz Marina Chaves Roldan dijo:

    Excelente artículo como otros de este mismo autor.
    Los políticos no dejarán de ser lo que son. Definitivament son “UNA CLASE ESPECIAL”

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