¿JUEGOS DE LENGUAJE?

¿JUEGOS DE LENGUAJE?*
(Poema-artículo)

No preguntes
por el sentido,
menos por el sentido
del sentido;
silencio
es el lenguaje
que nos pide
el siglo.

No preguntes
por el Otro,
sólo por ti
mismo;
hedonismo puro,
el placer a gritos
para quienes pueden
comprarlo y vivirlo;
para el resto, fango,
exclusión, exilio,
en su propia tierra,
o, en suelos distintos;
¿qué es el ser humano?
invención y mito:
¿juegos de lenguaje?
conceptos
vacíos
con muchos sentidos.

Con ningún
sentido.

Silencio…
silencio que ruge
la Guerra:
misiles que liberan
con olor
a sangre;
cabezas que ruedan,
hogueras que matan,
venganzas salvajes;
¿juegos de lenguaje?
y bombas racimo
maestras de muerte:
¡pedazos humanos
que salvan
Derechos
Humanos!

Silencio
por la muerte
del Lógos.

(*) A propósito del pensamiento del filósofo austríaco Ludwig Wittgestein (1889-1951), acerca de la realidad, entendida como “juegos de lenguaje”.

Para este famoso pensador, la realidad está en el lenguaje. Entonces, lo que hay que investigar no es la realidad, sino el lenguaje. Todo se reduce, como se ha dicho, a lo que él llama “juegos de lenguaje”. Así se diga, o se interprete, que este último es sólo un instrumento mediador.
De todas maneras, este planteamiento deja de lado:
1.- Que aquel que investiga (el investigador), y el lenguaje (el instrumento mediador), o su lógica, forman parte de esa misma realidad investigada, lo que hace imposible la famosa “neutralidad valorativa” de que han hecho gala los positivistas y neopositivistas de todas clases.
2.- Que el lenguaje es instrumento del poder, elemento del cual no quiere hablarse, o al que se hace sinónimo de “auctoritas”, legitimada en algún tipo de consenso democrático, externalizado por la consignación de una papeleta en una urna; por el envío del voto al centro electoral con una persona “de confianza”, o por correo electrónico. Sin importar los condicionantes del compromiso.
No puede ignorarse que el poder marca la estatura de los hombres, desde su nacimiento y que, los que “escapan”, lo hacen obedeciendo y acomodándose a esa lógica, así se vuelvan revolucionarios, pues, lo que hacen las revoluciones, es instaurar el poder de un nuevo grupo ( a veces no tan nuevo).
3.- Las palabras no son inocentes. El lenguaje no es, solamente, algo descriptivo (y ya, de hecho, toda descripción, implica unos parámetros pre-juiciados), sino indicativo. Asigna nombres, funciones, maneras (correctas o incorrectas) de pensar y de actuar. Establece lo que es verdad y lo que no lo es. Lo que es racional y lo que es irracional.
Programa las mentes logrando que ellas y sus cuerpos, acepten que son mercancías que pueden ofrecerse orgullosamente. Se han dado casos en que se han registrado los cuerpos como propiedad privada, para hacer con ellos lo que se quiera. Es la aceptación expresa de que el cuerpo es una mercancía que puede exhibirse y venderse. Y, eso, arranca desde el modelaje, pasa por otros campos como los deportes en que los jugadores son vendidos y comprados; por la política en que los candidatos son “apoyados”, “a cambio de…” que cuando sean legisladores, hagan leyes “ïnteresadas”; que si son ejecutivos, asignen contratos con formularios “marcados” (o sin ellos); y si son jueces o magistrados, que fallen o interpreten la ley “en derecho” non sancto. Y llegan estas compra-ventas, hasta la llamada prostitución (la otra, llamada así despectivamente y sobredimensionada con lo femenino; las anteriores tienen nombres elegantes que no avergüenzan, es más: honran) que, de acuerdo con su etimología, significa “ofrecerse en venta pública”.
La prostitución de lujo se llama “servicio”. La obligada por la necesidad de supervivencia, o por la violencia misma de los traficantes de carne humana, es considerada vergüenza pública.
Vergüenza pública debería ser que haya prostitutas sin prostitutos. Y no me refiero al sexo de las, y de los que venden sino, también, a los y a las ( que las hay) que compran. La venta no se da sin compra. Prostitución es esta compra-venta, vergüenza pública de cualquier sociedad, máxime si se llama cristiana (¡!).
Pero, volviendo al hilo del discurso, el hecho es que, convertido el cuerpo en mercancía y, desde la ideología dominante, ya no hay explotación sino intercambio de bienes y servicios, en el reino (que no república) del mercado, el reino de la libertad por excelencia.
4) De esta manera, los “juegos de lenguaje” ocultan, los juegos del poder que implican, siempre, explotación y exclusión.
Pero, a esta vivencia, se la llama ejercicio de la libertad; competencia y competencias; “sociedad abierta”, sociedad de logros, realización de sueños, de los cuales, el “sueño americano” ha sido el prototipo.
“Competencias”, “logros”; ¿no nos recuerda esto, la “formación” que dan los sistemas educativos actuales?
¡ Vaya juegos de lenguaje!
No se trata de culpar a Wigttgestein de nada. Es posible que no haya querido decir eso, que fue malinterpretado; que se le sacó del contexto…
O, es posible que tenga razón. Que todo sea “juegos de lenguaje”.
También, es posible que la vida misma sea, toda, un juego. Claro, para las mayorías, un juego perverso.
Por otra parte, se dirá que las palabras también liberan. Pero, ¡cuánta sangre, sufrimiento y lágrimas ha costado a la humanidad cada liberación! Que, al final acaba en las mazmorras de los dictadores, o en las cadenas del mercado que, con sus necesidades, reales o ficticias, engolosina o traumatiza las mentes robotizadas con sus imágenes, a nivel mundial.
En este espacio, el lenguaje es el mercado. Quien no lo entiende, se convierte en un “desheredado de la Fortuna”, o en un “menos favorecido”.
¡Qué hermosas metáforas puede construir el lenguaje, sobre la degradación humana!
Pero, el lenguaje no es sólo verbal o escrito. Es, también, degollar a un inocente y exhibir el acto bárbaro; es arrojar bombas inteligentes, con un coeficiente mental que no son capaces de distinguir los “malos”, de los buenos”. Cuando mueren estos últimos, y, casi siempre, son la mayoría, se utiliza otra metáfora inofensiva: “daños colaterales”. En Irak han sido más de 100.000, en Siria… en Libia… en Nigeria… en Sudán… en Ucrania… en Colombia… en México…
Si uno fuese creyente, podría aventurar que el cielo jamás programó tanto espacio para alojar a los daños colaterales del infierno…
Lenguaje es, también, saber que ocurren estas cosas, y mirar para otro lado. O, sacudir los hombros porque nada de ello nos importa. Es aceptar que la guerra es el modo natural del vivir humano.
A propósito: dado que la Organización de Naciones Unidas está incapacitada para evitarla, debería declarar a la guerra como patrimonio cultural de la “humanidad”.
Todos sentiríamos que nos pertenece. Por acción, o por omisión.
Es más: si aceptáramos que los seres humanos tienen tres grandes tipos de valores, como son, la religión, la justicia y el dinero, todos estarían representados en ese patrimonio cultural. Por eso hay guerras sagradas, o guerras justas. O guerras necesarias. Siempre habrá argumentos para justificarlas. Será la defensa de los dioses, o de algo que los dioses, o la tradición sacralizada, nos han entregado.
O, puede ser, la presencia del enemigo que cambia de rostro, permanentemente, y está que salta el muro que nos protege. Muro que se debilita a medida que descienden los indicadores de la economía, y asoma el fantasma de la recesión y, detrás de ella, el monstruo de la depresión. Entonces, los industriales y negociantes de la guerra, fabrican los productos mortales; los políticos inventan las guerras, externas o internas y, los gobiernos, endeudándose, es decir, endeudando a los ciudadanos, compran esos instrumentos mortíferos, disponiendo de las vidas propias (héroes) y ajenas (demonios), para impulsar las deprimidas bolsas de valores, donde el capitalismo especulativo se realiza.
Los políticos no se ponen de acuerdo para asignar recursos a la salud, a la educación, a la vivienda, o a los servicios sociales, en general. Pero, suenan los tambores de la guerra, que casi nunca están silenciados e, inmediatamente, casi por unanimidad, aprueban las partidas para que las carnicerías estén bien nutridas.
Los medios de comunicación (¡¡!!), graban en nuestros ojos y en nuestras mentes, con imágenes estratégicas, que estamos frente a una cruzada, o a una yihad, que es justa y necesaria. Para que no perdamos nuestro ser, que es nuestra manera de ser, o sea… de consumir. O de conservar tradiciones medievales y machistas, ancestrales.
Entonces, nada de criticas; guardemos “silencio que ruge la guerra”, con su estruendoso ruido de destrucción. ¡Qué le vamos a hacer. Marte es nuestro eterno compañero!
Cuando la muerte es ajena, ya sea por geografía, por etnia, por raza (?), o por estratificación social (carne de cañón, de daga, de AK-47, o de bomba inteligente), no provoca dolor porque es sólo un número, nada más. ¡ Juegos de lenguaje!
¿ Podemos concluir, también, que la guerra es justa y necesaria porque Dios (o la palabra con que se nombre a la Divinidad) está de nuestro lado?
Es una buena síntesis, y no hay mejor argumento para respaldarla. Lo decimos “nosotros”, y lo dicen “los de allá”, “los de afuera”, los que no son como nosotros; los que no son humanos. Esos a quienes, desde la excluyente concepción griega, eran llamados “barbaroi”, y que, según Aristóteles, habían nacido para ser esclavos. A ellos queremos hacerlos desaparecer “humanamente”.
Las tres grandes religiones monoteístas, han tenido, y tienen (así intenten suavizarlo), sus “nosotros”, y sus “de afuera”; sus “de allá”. Y, en eso se fundamenta la idea de Occidente.
Pobre idea la que tenemos de “lo humano”, los humanos. Y, más pobre aún, la que tenemos de la Divinidad, acomodada a nuestros vulgares intereses, a través de todos los tiempos y lugares; construida a nuestra imagen y semejanza, de acuerdo con nuestras pasiones.
¡ Juegos de lenguaje!
¿ Nada más?

Jorge Mora Forero

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>