CARTA AL SANTO PADRE FRANCISCO*

CARTA AL SANTO PADRE FRANCISCO*

Weston, Florida, USA, 9 de agosto del 2013
Apreciado Santo Padre Francisco:
Reciba el filial saludo de un profesor universitario colombiano retirado, residente en Estados Unidos y que tuvo la fortuna de estudiar, en parte, bajo la dirección de los padres jesuitas: en el seminario de Tunja (Boyacá- Colombia) bajo la dirección del muy ilustre arzobispo Ángel María Ocampo y Berrío, y en Chile bajo la dirección, y con la docencia del renombrado padre Pierre Bigo y otros venerables hijos de Loyola. Y con un maestro brasileño, muy cristiano, por cierto, que me marcó de por vida: Paulo Freire. Con ellos aprendí que el cristianismo es, ante todo, una manera de vivir en el amor y que esto se manifiesta, fundamentalmente en una vida de entrega al servicio de los pobres.
De acuerdo con lo anterior, ha sido muy grato para mí que Su Santidad escogiera como nombre papal el del Poverello de Asís, ejemplo de renuncia a lo material, y de amor a los pobres y a la naturaleza. Esto es sumamente importante en un momento de la historia en que, como Su Santidad lo sabe, somos víctimas de un sistema fundamentado en un hedonismo mercantilista que, para lograr sus objetivos de ganancias al máximo, no repara en ningún límite ético ni moral al convertir a los seres humanos y a la naturaleza, en burdas mercancías desechables con lo cual, en la medida en que lo hace, convoca su suicidio y la posible desaparición de esta especie que, curiosamente, hemos llamado Homo Sapiens, al hacer imposible la sociedad y, al mismo tiempo, provocar la destrucción del planeta. Basta con leer en estos días lo que dicen los científicos respectivos sobre los cambios de temperatura y sus consecuencias desastrosas a partir del año 2040. O sea, el mañana, de los niños y jóvenes de hoy.
Es grande la alegría que se siente al ver al Padre Francisco con un mensaje y unas acciones que nos recuerdan los primeros tiempos del cristianismo cuando este no se había torcido todavía con las dádivas del imperio y se oían los mensajes de un San Agustín o de un San Juan Crisóstomo contra la avaricia de los ricos que acababa con la fraternidad heredada del hecho de ser TODOS, hijos del mismo Padre Celestial.
Hago votos por que Él lo ilumine, lo ayude, lo cuide y le dé las fuerzas necesarias para llevar a cabo esta reforma profunda que necesita la Iglesia para que deje de ser la Opulenta Sociedad de Príncipes, comprometida con la racionalidad y el modo de vida de los más altos estratos sociales, y descienda a encarnarse en el sufrido pueblo donde Cristo agoniza con las espinas más punzantes recibidas por los desempleados o subempleados, o por los empleados cuyos míseros sueldos por más trabajo, no les alcanzan para satisfacer sus necesidades y las de sus familias.
Por los que han perdido sus viviendas estrangulados por los bancos especulativos; por quienes mueren a las puertas de los hospitales, o carecen de educación mientras los corruptos que prostituyen a cada rato las palabras patria, libertad y democracia, hacen su América con los tesoros públicos, llenando sus bolsillos hasta reventar, para luego ostentar lujuriosamente la riqueza mal habida en los mejores sitios de los distintos niveles del “Jet Set”, frente al silencio cómplice de quienes debieran denunciar y clamar justicia, como los profetas (como cristiano no me eximo, por supuesto); por los perseguidos políticos por parte de sistemas de gobierno de todos los colores y creencias, y ello incluye a esos contrasentidos de la política que son las democracias “autoritarias”, legitimadas por votos que no deciden nada, y que brillan más por el uso de la demagogia o de la fuerza que por satisfacer las necesidades de los gobernados;
por los discriminados con base en el color de su piel o de su condición sexual; por los presos víctimas de una “justicia” insensible o de las injusticias de la sociedad, amontonados y abandonados en bodegas humanas, como las llama un funcionario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y en donde se matan y despedazan por sus condiciones de existencia, o se queman en medio de gritos y de lágrimas porque, a la hora del incendio, el guardia no encontró la llave, o si la tenía no quiso abrir, o porque, de todas maneras, eran considerados material de desecho, o sea, NN sociales; por los millones de desplazados de sus tierras a causa de la ambición de unos cuantos individuos o empresas nacionales o transnacionales que convierten los bosques en desiertos y los ríos claros, tal como han salido de las manos del Creador, en torrentes apestosos llenos de mercurio y demás excrementos químicos que hacen imposible la vida humana y acuática y que dejan el océano hecho una cloaca que arroja, a diario, sobre las playas, millones de animales muertos porque su hábitat ha sido destruido; todo por extraer el becerro de oro en cuyo altar sacrifican los mejores valores de la dignidad humana;
por las mujeres violentadas en todas las formas, sin derecho a defensa alguna o con defensas risibles; por los indígenas expulsados de sus selvas nativas o cazados allí como animales para convertir dichas selvas en zonas de ganadería extensiva; por los niños abusados; por esas víctimas directas y colaterales de las guerras, el perenne y lucrativo negocio de conciencias vacías y de manos desnudas frente al dolor de la orfandad y de la muerte violentas, y por un largo ET CETERA que sufre la mayor parte de la población del mundo…
Ignorante como soy en teología, pienso, sin embargo, que Cristo sigue sufriendo hoy como en esa terrible noche de Los Olivos que casi no acaba, ya que el sufrimiento de los excluidos, que son el Cristo mismo, ocurre en días y noches, meses y años que parecen eternos, porque el egoísmo de una parte de la humanidad pareciera no tener límites.
El mensaje cristiano, y esto sí lo sé, es un mensaje de esperanza. Pero esta, para tener sentido y eficacia, debe tener un mínimo principio de realidad. Y este comienza con la confrontación de los problemas.
No es fácil Padre Francisco; es una carga terriblemente pesada. Es cierto. Pero si EL QUE ES lo puso ahí, por algo será…
Grato es, también, poder hablarle al representante de Dios en mi propia lengua.
Aprovecho Santo Padre para mandarle un poema navideño que escribí el pasado diciembre con sentimientos que han surgido de mi propia vivencia en el contexto arriba descrito.
De Su Santidad con filial respeto,
Jorge Mora Forero

4350 Laurel Place, Weston, Florida,
33332, USA;  e-mail:rafamor989@hotmail.com

Blog: www.jorgemoraforero.com/blog/

*Esta carta fue entregada por FedEx  en Roma el 12 de agosto.

NOTA: La Carta fue contestada muy amablemente por El Vaticano, a través de Monseñor Peter B. Wells, Asesor de la Primera Sección de la Secretaría de Estado, el día 21 de agosto del 2013. (Copia en mi poder).

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Una respuesta a CARTA AL SANTO PADRE FRANCISCO*

  1. Madadh Allaidh Aonaranach dijo:

    Confieso que el siguiente comentario poco o nada tiene que ver con lo escrito por el autor, mas que una respuesta, las líneas que vienen a continuación son solamente eso, lineas que surgen de recuerdos (recordando las palabras del autor: volver a pasar por el corazón, eso traduce) o recuerdos que surgen de líneas en el sentido estricto de la palabra. De antemano pido excusas por romper con lo establecido, pero creo que la nostalgia, la alegría, el cansancio y, ¿Por qué no? siendo honesto, la pereza de buscar me impide buscar un escrito mas acorde con el tema para dejarlo,

    No hay clase que empiece sin que recuerde a aquél hombre de edad avanzada, rostro sereno y mirada profunda, sin recordar sus palabras y sentirme como ahora cuando leo algo suyo después de tanto tiempo sin saber de él, el corazón se inunda de nostalgia y los recuerdos aflojan una grata sonrisa cada vez que sus palabras pasaban por los muros de mi mente, el alma trasciende a aquel lugar destinado a guardar los tesoros mas valiosos de la vida, oh sorpresa a pesar de que Cronos sigue con su lento y seguro paso pareciera que estos años fuesen solamente segundos que no han caído en el abismo de la muerte, prolongando perpetuamente los momentos creados por el hombre quien en alguna mañana fría bogotana de principio de siglo me enseñó la gran diferencia entre docente, profesor y maestro, sujeto, individuo y persona, el mismo que dejó grabado con el cincel de sus palabras mi amor por mi labor en el refugio de mi esencia, el mismo quien muchas veces transitando entre sabiduría humilde y desesperanzada esperanza se convirtió sin saberlo en maestro de maestros.

    Un Abrazo desde la fría y lluviosa Bogotá Maestro Jorge Mora, Un gran Abrazo, las personas que me llaman profesor y yo nos tendremos que conformar con una palabra tímida proveniente del latín, cuya expresión castellanizada es “gracias” por… por aquello para lo cual no encuentro palabras en este momento pero se evidencia cuando te miran a los ojos, te abrazan fuertemente y te dicen, valga la redundancia, “gracias profe”.

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