DEBAJO DEL PUENTE

DEBAJO DEL PUENTE
(Poema Navideño)

Ven, vamos de paseo siguiendo una estrella,
esa supernova que en el firmamento
brilla con destellos que alumbran caminos
para que viajemos con el pensamiento.

Vamos a pensar que el Divino Niño
no nació en Belén hace dos mil años,
sino que ha nacido cerca de nosotros,
aquí en nuestro tiempo,
y aquí en nuestro espacio.

¿Dónde encontraríamos al pobre José
Y a la joven Madre buscando el albergue?
con el egoísmo del siglo veintiuno
deben hospedarse debajo de un puente.

Se nos llena a todos la boca de glorias,
de mil alabanzas para el Rey de Reyes;
y se nos olvida que ha nacido pobre,
y lo convertimos en finos juguetes,
en regalos caros, y en dinero puro
que dejan la vida sin ningún sentido,
el alma vacía, el ego al desnudo,
y llenan de lágrimas al Recién Nacido.

No cantemos gloria con tantas mentiras,
miremos adentro de nosotros mismos
y, luego, de frente, digámosle al Niño
si somos cristianos de nombre, o de vida.

Ven Divino Niño, muéstranos la ruta
para dejar guerras, corrupción y vicios,
no dejes que hagamos del mundo basura
destruyendo todo por burdos instintos.

Vamos que los Magos pasaron de largo,
si nos damos prisa, llegamos primero,
pues te buscaremos debajo del puente,
con mucho cuidado y con amor sincero;
con toda certeza sabremos quién eres
porque es de la historia y del mundo la ley:
ya no tienes pajas, no tienes pesebre
y hasta te quitaron la mula y el buey.

Ven Divino Niño, la justicia pide
tu presencia pronta, tu mensaje duro;
ven Divino Niño, muéstranos la ruta
para ser cristianos, sin engaño alguno.

Jorge Mora Forero
Weston, Fl., 2012
Web: www.jorgemoraforero.com
Blog: www.jorgemoraforero.com/blog/
E-mail: rafamor989@hotmail.com
Google: Jorge Mora Forero

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GATOS Y SOMBRAS

GATOS Y SOMBRAS
(A propósito del Proceso
de Paz en Colombia)
También yo he
comprendido
que en mi patria
no duermen
los gatos negros,
misteriosos,
que
caen de la luna
llena
sobre los tejados;
ni en la noche,
ni en el día;
no podrían:
sombras
que vienen de
la Noche del Tiempo,
madre de historias
marcadas
con sangre,
arruinan sus
sueños;
y esas sombras,
las sombras aquellas
no caminan solas:
privilegios que llenan
sus venas
y atizan las llamas
del odio,
caminan con ellas;
olfateando,
buscando vivientes
que sienten
la muerte
en cada esquina

de su vida,
al filo del silencio
agonizante…

De lo que queda
de su vida.

A esos vivos
los he visto temblar
con el miedo
en sus ojos;
los he visto
llorar
con el susurro
de los muertos,
sus muertos;
los que no oyeron
los pasos
de las sombras
del odio,
ni de los gatos
negros,
que caen
de la luna
llena
y que no duermen.
Que quieren
regresar.

No andan solas
las sombras de la
Noche;
no andan solas…

Jorge Mora Forero
Weston, Fl., 2012

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¿LA PALOMA DE LA PAZ O LA SAGA DE LA GUERRA?

¿LA PALOMA DE LA PAZ O LA SAGA DE LA GUERRA?
Jorge Mora Forero
Voy a hablar del Proceso de Paz. ¿De qué Proceso de Paz?
Es justo hacerse la pregunta cuando se aborda esta cuestión. Sobre todo en Colombia.
Y voy a hablar sin el complejo de Adán de pretender ser original (“Nihil sub sole novum”) y, también, sin pretensiones de cientificidad. Simplemente voy a esbozar, sin mucho orden, algunas ideas con relación a un tema que es demasiado complejo por dondequiera que se le mire.
Ríos de tinta van y vienen, para utilizar una de las más trilladas metáforas de la escritura, llevando y trayendo ideas de apoyo y de oposición, de amor y de odio, cuando se habla del tema. Solo que en este caso se habla sobre ríos de sangre que es lo que literalmente ha corrido por los cauces profundamente agrietados de la Patria. Sangre, apropiación o despojo que obnubilan la mente y hacen surgir la pregunta, ¿de qué estamos hablando?
Porque hablar de la paz, en nuestro país, se ha convertido en una fabulación que continúa de un siglo a otro, que da el paso a un nuevo milenio con la cruel realidad de la guerra cuasi-permanente como emblema de nuestra historia. Tanto que podríamos decir que la bandera en vez de tener tres colores, debería tener sólo uno: el rojo, que según la escuela que me enseñó las primeras letras, representaba “la sangre que derramaron los patriotas para darnos libertad”.
Con el paso del tiempo he caído en cuenta que la sangre no era solo de los patriotas criollos y de sus masas acompañantes, sino también de los patriotas ibéricos y de sus ejércitos compuestos, en buen número, por nativos americanos y que peleaban por la Corona Española de la cual formábamos parte como Reinos de Indias. Tan cierto es esto que luego de la llamada Independencia, nos hemos referido a la España europea como “la Madre Patria”. O sea que no es un cuento barato ni una actitud antipatriótica.
Como es sabido, porque lo enseñaba la Iglesia de la época, la Independencia fue una rebelión contra una autoridad legítima “Dei Gratia”, rebelión que, por eso, conllevó las condenas de las Encíclicas Etsi Longissimo de Pío VII, del 30 de enero de 1816 y Etsi iam diu de León XII, del 24 de septiembre de 1824, con las consecuentes excomuniones de que fueron objeto los rebeldes por parte de los obispos americanos lo cual consta en los documentos de esos tormentosos años.
Pero la historia es irónica: hoy la Iglesia comulga con la democracia, un sistema de gobierno generado en la rebelión que entonces condenó. Y, es curioso, además, que esa libertad por la cual se derramó tanta sangre, no era una libertad que pre-existiera para ser defendida de un poder arbitrario (en ese sentido, los criollos en América disfrutaban de mayor libertad que la mayoría de los españoles en la Península), sino que fue una idea tomada, ni más ni menos, que de la sangrienta Revolución Francesa con su lema de “Libertad, igualdad y fraternidad”, expresión de ese pueblo soberano que condujo a los reyes a la guillotina. Y fue tomada para independizar estos Reinos de Indias y alejarlos del riesgo de la influencia de las ideas liberales de los ilustrados españoles plasmadas en la Constitución de Cádiz de 1812, y las del masón y descreído Napoleón Bonaparte que por medio de su hermano gobernaba España y amenazaba con regar esas ideas por los territorios americanos. Agravado lo anterior por las políticas “anti-criollas” de los Borbones, y que tenían que ver con impuestos, prohibición de fabricar ciertos productos y de algunos cultivos; ingreso de los “pardos” a las instituciones educativas superiores y cuidado de los esclavos, entre otras.
¿“Igualdad y fraternidad” en la América Hispánica? Para los criollos estos principios eran anatema. Considerándose herederos legítimos de los conquistadores, ¿cómo podrían sentirse iguales a los mestizos, indios, negros y “castas”, en general, o sea, a todas esas multitudes (para no usar otras palabras más despectivas) de piel oscura que trabajaban para ellos, en condiciones de esclavitud y de servidumbre, en la mayoría de los casos?
Y, ateniéndonos a la Revolución Francesa, ¿cuál era el “pueblo soberano” en cuyo nombre se construían los nuevos Estados? ¿Las masas analfabetas que, por lo mismo, no tenían idea de soberanía? O, ¿fue sólo un concepto utilizado como “universal” por las élites criollas blancas o “blanqueadas” por los títulos de nobleza comprados, o por los certificados de “pureza de sangre” obtenidos con base en el soborno de quienes asentaban las respectivas partidas antes de llegar a la pila bautismal?
Así se construye en Iberoamérica una anti-sociedad que servirá como substratum de una vivencia pre y anti-moderna militante, a la vez que como explicación, en buena medida, para quienes la estudian, de los conflictos sangrientos y no sangrientos de eso que, eufemísticamente, se denominarán las “sociedades latinoamericanas”, si a eso le agregamos las sociedades originadas en la colonización francesa en Suramérica y en el Caribe.
De otra parte, la mentada “fraternidad”, venía de la masonería, condenada, también, por la Iglesia y acusada de ser la promotora de todas esas ideas libertarias infernales.
Pero, la historia sirve para todo: la escriben los vencedores para darles contenidos “verdaderos” a los hechos históricos y a sus personajes fundadores, por lo heroico y sublime de su significado y actuación, y para que sirva como didáctica (Historia “Magistra Vitae”) oficial para legitimar el presente (sacralizando el pasado) y asegurar el futuro, como continuación del presente, con los retoques funcionales necesarios. En el caso de Latinoamérica, legitimando la rebelión contra “la tiranía del poder español”, a veces, suavemente, con base en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (sin las mujeres ni los esclavos) de 1789 traducida del francés por don Antonio Nariño pero, después del acomodamiento de la Iglesia a los nuevos Estados, también con la Teoría del Tiranicidio de Santo Tomás y de los teólogos españoles Francisco Suárez y, sobre todo, del jesuita Juan de Mariana, estos últimos del Siglo XVI.
Pero, no era justificable usar en el caso de América esta Teoría, ni decir que en ella se había basado la rebelión. Por un lado, porque, en cuanto hace referencia a Santo Tomás, su pensamiento va enfocado, sobre todo, a un invasor que ha usurpado un poder legítimo pues, a nivel interno, para el Santo fue muy clara la exhortación de San Pablo a los Romanos (en 13-1 y 2):
Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.
Y, en el caso de los teólogos españoles, la Teoría se enfocaba más contra los príncipes protestantes ya que, en ese momento, La Reforma se extendía por toda Europa.
Además: cuando el Padre Mariana habla de una tiranía, establecida originalmente como autoridad legítima, los abusos que enumera para que el príncipe se convierta en tirano, son de tal magnitud que de ninguna manera Fernando VII hubiera podido ser clasificado como tal.
Por otra parte, la misma Compañía de Jesús prohibió las enseñanzas de Mariana; este estuvo preso y, después de su muerte la Inquisición purgó su obra.
Que haya habido clérigos que, a título personal optaron por la independencia, es distinto, pero fueron degradados y excomulgados por la Iglesia como fue el caso de Hidalgo y Morelos en México, para citar dos ejemplos.
Los papas y los obispos se mantuvieron fieles al rey de España y exigieron la obediencia a él, condenando la rebelión bajo cualquier argumento y, dada la unión de los dos poderes desde la época del Emperador Constantino, no se podía esperar nada distinto.
La Revolución de Independencia, debería llamarse sin más, Guerra de Independencia. En efecto: no significó, como en Europa, el paso de sociedades tradicionales con su status u orden jerárquico petrificado, a sociedades modernas, sino sencillamente el traslado del poder de los españoles peninsulares a los españoles americanos, dejando inalterado el orden social, y a los indígenas en condiciones peores que antes.
Esa inalterabilidad del orden social, y el hecho de que, por ser lo que eran las sociedades latinoamericanas, les dificultó crear un Estado como en Europa lo que conllevó vivir en guerras permanentes, bien fuera para dirimir conflictos nacionales o regionales, o para aplastar levantamientos populares. De esa manera, la “Libertad, igualdad y fraternidad”, de Francia, fue solo un lema que quedó como vago recuerdo y, la fraternidad cristiana, algo que quedó para los púlpitos, y para exigir obediencia, desde allí, a las nuevas autoridades generadas en la aparecida democracia “católica”, bendecida por el acomodamiento de la Iglesia a la nueva situación; legitimada luego por el reconocimiento de los Papas a los Nuevos Estados. Allí donde la democracia “católica” quiso desviarse por obra de elementos radicales que, fieles al pensamiento de la Ilustración, implementaron o trataron de implementar la separación entre la Iglesia y el Estado y establecer una educación laica, llegó la inevitable guerra civil.
Y, ¿quiénes ponían los muertos y mutilados, las viudas y los huérfanos? El pueblo, por supuesto. Pero no el pueblo soberano, el pueblo político porque ese no existía, sino el pueblo “social”, básicamente los campesinos que han sido siempre la carne de cañón, de fusil, de revólver, de bayoneta, de machete, de motosierra y demás instrumentos mortíferos utilizados en todas nuestras guerras que se convirtieron, para nosotros en la manera natural de morir y…¡de vivir!
Voy a poner un ejemplo imaginario: una persona que hubiera nacido en 1780 en la Nueva Granada, hoy recortada República de Colombia, tendría, en este momento, casi 240 años y le hubieran tocado 12 guerras aproximadamente. Es decir, una cada 20 años. Si lo ponemos en cuatro generaciones de 60 años, a cada persona de esa edad, le habría tocado vivir 3 guerras.
Guerras y más guerras: desde la Revolución de los Comuneros hasta la actual guerra. En el entretanto, se pasó por las guerras de la Patria Boba (¿por qué se llamará así solo a ese periodo?) entre Centralistas y Federalistas, las sangrienta Guerra de Independencia que incluyó la “Guerra a muerte” ordenada por Bolívar y los Tribunales de Sangre, Purificación y demás, establecidos por Morillo y Sámano. Hay que reconocer que ahí cayeron importantes personajes de la élite criolla.
Y continúa la saga: Guerra de los Conventos o de los Supremos, de los esclavistas contra José Hilario López; de Melo contra Obando, de Mosquera contra Ospina, de conservadores-liberales contra radicales; de liberales contra La Regeneración; de Los Mil Días, incluida la desastrosa pérdida de Panamá (la historia, por lo menos la historia oficial, no ha encontrado culpables, ni de esta, ni de ninguna pérdida); y la guerra conservadora-liberal, o de “chulavitas” contra “cachiporros”, o sea la llamada Violencia que dejó 300.000 muertos.
Esta que tratamos de acabar ahora, continuación de la anterior, tiene ya una edad de 60 años. ¡Qué maravilla! Y pensar que hay grupos que quieren continuarla…
La han llamado “Guerra contra el terrorismo” pero le cabría mejor el nombre de “Guerra de los terrorismos”. Distintos nombres, distintos uniformes pero, siempre, las mismas víctimas.
Llegamos así al último intento de Proceso de Paz, después de unos intentos fracasados y de dos procesos exitosos con grupos no tan grandes ni tan antiguos como las FARC: el Movimiento 19 de abril, M-19, y con el Ejército Popular de Liberación, EPL.
Como se supone que hay suficiente ilustración sobre eso, vamos a los protagonistas: al presidente Santos y a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.
¿Por qué han entrado en este intento? Porque, se dice, hay condiciones (y no volverá a haberlas).
¿Cuáles son? Desde el punto de vista militar, una guerrilla muy golpeada por las Fuerzas Militares y de Policía que han eliminado a grandes jefes y mandos medios clave y recuperado gran parte del territorio antes vedado al Estado, dejando establecido que es un imposible para la guerrilla tomarse el poder.
Desde el punto de vista social hay un “cansancio de guerra” y un “cansancio de muerte” como lo muestra el hecho de que la mayoría del pueblo colombiano apoya las negociaciones de paz. A eso se suma, por parte del gobierno la implementación de la Ley de Tierras para devolverlas a quienes fueron despojados de ellas por la violencia de los grupos ilegales. Parece ser que en la práctica no se ha hecho mucho, hasta ahora. Los beneficiarios del despojo no se rendirán fácilmente como lo hemos visto con las muertes de muchos reclamantes. El resto lo harán las “leguleyadas” y la acreditación de las posesiones “de buena fe” que se ha convertido en una de las maneras más descaradas de ejercicio del despojo. Para romper estas estructuras de poder mafioso se requerirá de una gran voluntad política y de un compromiso del Estado con todos los instrumentos a su alcance en apoyo permanente, no sólo momentáneo, a las víctimas.
Dentro de las condiciones, hay que decir, también, que hay fuerzas externas que presionan por la solución del conflicto como aceptó el presidente Santos que se llamara al enfrentamiento.
Creo que la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR, ha estado presionando en este sentido. Por un lado, porque el presidente Santos, desde antes de ser presidente tuvo en su cabeza esa idea y, por eso, entre otras cosas, posicionó a Colombia como miembro influyente de UNASUR. Y, por otro, porque la organización misma cuyo músculo es Brasil, ha presionado, por su cuenta, para acabar con ese problema. En efecto, a Brasil, con sus intereses geopolíticos, sus proyectos de potencia emergente (ahora con impulso a la industrialización), las riquezas energéticas recién descubiertas y uno de los mayores recursos de agua dulce del mundo como es la Cuenca Amazónica, no le conviene tener en Suramérica un conflicto que implique una intervención de Estados Unidos.
Eso explicaría, por lo menos en parte, por qué el presidente Santos no siguió adelante con el proyecto de establecer las bases americanas en Colombia. Y, también, en parte, por qué el presidente Chávez ha apoyado el proceso de negociación para lograr la paz. Brasil, que ha respaldado a Chávez, debe haberle hecho saber que era hora de acabar ese conflicto, por el bien de todos. Incluido él mismo. Y, no solo de suspender cualquier apoyo a la guerrilla, sino de actuar sobre ella y decirle: “negocie”. O sea: “se acabó”. Lo anterior, teniendo en cuenta, además, las acusaciones permanentes del ex-presidente Uribe y de los americanos (y no tan calladamente del ejército de Colombia), en el sentido de que Venezuela es un santuario de la guerrilla. Con lo que eso puede implicar. Hacia esa posición que ha asumido Chávez apuntaba la política del presidente Santos cuando lo convirtió en su “nuevo mejor amigo”. No era solo por las relaciones comerciales. No podemos ignorar que hay sectores radicales del chavismo que están acusando a Chávez de traidor.
A eso se suma la posición manifestada antes por Ecuador de combatir a la guerrilla si pasa a ese territorio. Y Brasil, por supuesto, lo está haciendo en sus fronteras. Entonces…
El presidente Santos, a nivel interno también se la juega toda, como se la está jugando a nivel externo. Pero los obstáculos serán muy fuertes. Tendrá que ganarse el apoyo, por lo menos de parte de sectores tradicionales poderosos: terratenientes, industriales, banqueros, comerciantes y, desde luego, de las Fuerzas Armadas. Si en la negociación no participan “los duros” de los dos bandos para poner todas las cartas sobre la mesa, no tendrá éxito. Para las Fuerzas Armadas debe quedar claro  que esto realmente “se acabó”. Y, para la guerrilla, es fundamental que las Fuerzas Armadas contribuyan, como los primeros, a garantizar su trabajo político y a proteger sus proyectos de inserción social.
Además de los anteriores, el presidente tendrá que ganarse el apoyo de la clase política y de las Altas Cortes. Estos últimos actores ya han manifestado su apoyo. Pero ningún apoyo se dará a cambio de nada. Aquí, el presidente (y el país) va a pagar un precio muy alto. Él ya ha dicho que es el Congreso el que fija los límites para la paz. Y, de ahí puede salir una legislación flexible, donde quepa todo el mundo con el argumento de que la paz es lo primero, como ya lo afirmó un alto magistrado. Entonces, es de suponer que ahí pueden caber, de pronto, no sólo guerrilleros sino militares, paramilitares, parapolíticos, políticos en trance de acusación parapolítica, “bacrimes”, etc. Cada uno tendrá su parágrafo, o su inciso, si no explícitamente, sí con la forma adecuada para apropiárselo. Recordemos que Colombia es “un país de leyes”. O si no, más funcionalmente, con la propuesta del “perdón presidencial”. El presidente, en trance de reelección (necesaria, por supuesto, para terminar el proceso, se dirá), tendrá que aceptar (no solo la legislación flexible sino la “retribución” burocrática o de algún otro tipo, por el apoyo). Hay motivos para pensar que si no se da una legislación de ese tipo, los sectores que se sientan excluidos, se harán sentir.
De todas maneras, esa legislación tendrá que ser cuidadosa pues hay convenios e instituciones internacionales que respetar, por lo que habrá ojos observando para que todo no acabe en la impunidad.
Por el lado de la guerrilla: su pérdida de poder militar, el clamor nacional y la presión internacional (sobre todo de UNASUR), los ha puesto frente a una situación pragmática: la negociación, prácticamente, como su única alternativa (de todas maneras dirán que no es así). Tratarán de sacar de la mesa lo mejor posible pero, por las conversaciones que han sostenido hasta ahora, ya deben saber hasta dónde pueden ir en cada uno de los puntos de la agenda, y en dónde están las líneas rojas. Es posible que estas puedan correrse un poco de acuerdo con el desarrollo de la negociación y de los acuerdos entre los participantes por el lado del gobierno y sus asociados. Porque el gobierno también conoce sus propios límites. Por eso, este último estableció dos asuntos clave, desde el punto de vista operativo: el primero y fundamental, se negocia PARA ACABAR EL CONFLICTO (eso implica que ninguno se va de la mesa) y, el segundo: en un tiempo corto.
Es posible que haya sectores de la guerrilla que no entren y que se conviertan en FARCRIM, con todas las consecuencias frente al Estado.
Dicho lo anterior, no es mucho lo que se puede decir con relación a los puntos de negociación (El espectador.com, 15/09/12):
a) Desarrollo rural y acceso a la tierra. El gobierno responderá que esto lo está trabajando con su Ley de Tierras. Es posible que el Estado recupere algunas de narcos muertos o extraditados, tierras de testaferros de la misma guerrilla; que llegue a acuerdos para que quienes las poseen “de buena fe” (dedicadas a macro-cultivos de exportación), indemnicen a los despojados; que compre algunas extensiones de tierra y que utilice mayoritariamente tierras públicas para cumplir con este punto. Ahí habrá forcejeo para lograr la devolución del mayor número de tierras y para que haya una asistencia integral al campesino, que va desde la seguridad para no ser asesinado, hasta la comercialización de sus productos.
b) Garantías al ejercicio de la oposición política. Es uno de los puntos más neurálgicos porque siempre habrá quienes digan que los que tienen las manos manchadas con sangre no pueden acceder, de ninguna manera a cargos de representación o administración en el Estado.
Ahí se legislará sobre las maneras de participar en la generación del poder político y de que eso se haga con todas las garantías de la ley, sin correr el riesgo de perder la vida en esa actividad. No se querrá repetir el error de la Unión Patriótica y, para ello, el gobierno exigirá no sólo el abandono sino la entrega de las armas. Es decir, la renuncia irrevocable a todas las formas de lucha.
El gobierno tendrá que garantizar mecanismos de seguridad y, en caso de atentados, mostrar voluntad de sancionar rápida y efectivamente a los transgresores.
Por cuestión de sanciones jurídicas establecidas dentro de la negociación, por los estándares exigidos nacional e internacionalmente, habrá reinsertados que no puedan participar en política buscando cargos de representación. No, por lo menos antes de cumplir con las sanciones establecidas.
c) Abandono de las armas: como promesa, condición “sine qua non” para haber comenzado las conversaciones en La Habana.
d) Derechos de las víctimas. Es algo de elemental justicia. Lo exigen las víctimas, lo exige la sociedad y lo exige la Comunidad Internacional, no solo en forma general sino a nivel concreto, con instituciones y organizaciones que hagan realidad tales derechos. La ley establecerá cómo lo hará la guerrilla, a partir de la negociación, y qué compromisos adquiere el Estado. En este sentido se puede decir que el gobierno ha avanzado algo con la Ley de Víctimas.
e) BÚSQUEDA DE SOLUCIÓN AL PROBLEMA DEL NARCOTRÁFICO.
Este no es un problema para solucionar en una negociación de este tipo. Tiene que ser abordado a nivel mundial, sobre todo exigiéndoles responsabilidad a los países consumidores que son los que provocan la oferta con su demanda, llevando a que los países productores libren guerras y pongan muertos de todo tipo, agregando, además, la corrupción de todas las instituciones del Estado y la degradación de la economía productiva, a cambio de la ganancia fácil con base en el “todo vale”. Aquí sí que se podría afirmar que “El Patrón del mal” no es meramente un personaje con nombre propio de la realidad negativa colombiana que ha servido y está sirviendo como “chivo expiatorio” de una orgía de sangre, corrupción e hipocresía; es, ante todo, el monstruo insaciable que demanda, en forma creciente, las drogas alucinógenas que necesita para adormilar su conciencia y evadir la realidad vacía de ese mundo sin sentido que él mismo ha contribuido a crear.
Pero el análisis no puede terminar en el consumo, sin más. Hay que mirar, también, el papel de la guerra como negocio, y el papel de los dineros del narcotráfico en el sustento de la economía, en general, dada la crisis de la economía productiva.
Repito: esto es para una mesa inmensa donde tengan que sentarse los pesos pesados que tienen sobre su hombros, y sobre sus conciencias, la responsabilidad de darle salida a este problema con soluciones distintas a la guerra a muerte que lo único que ha hecho es mejorar el negocio, sin que disminuyan los consumidores.
No es tema de negociación para una mesita que pretende terminar un conflicto armado en un país subdesarrollado que no deja de serlo por más que unos números ajenos a la realidad social digan que es la segunda economía de Suramérica si, al mismo tiempo, tiene los más altos índices de inequidad social y las peores cifras de desarrollo humano. Así que lo más que pueden negociar, en este punto, es cómo la guerrilla va a abandonar lo que tenga que ver con el negocio y cómo remplazar cultivos ilícitos por cultivos legales, lo cual tiene que estar, a su vez, dentro del desarrollo integral del campo que implica la presencia del Estado en todos los aspectos del vivir social, de lo contrario, se volverá al círculo vicioso de la rentabilidad de los cultivos ilícitos, frente a una agricultura de generación de alimentos o de otros productos legales comerciables.
Si a la guerrilla reinsertada se le exige luchar contra el narcotráfico, peleando la misma guerra del Estado, no se le estará sacando de la guerra sino cambiándole la guerra. Con el riesgo de caer en el círculo del Eterno Retorno.
En cuanto a los países acompañantes:
Por lo que hemos planteado antes, era inevitable la presencia de Venezuela.
En cuanto a Cuba, es también una garantía dadas las relaciones que ha habido entre la guerrilla y ese país. Pero, también, dadas las relaciones de algunos gobiernos colombianos, buscando la ayuda para la tan ansiada paz, una vez que el país caribeño abandonó el proyecto de derrocar gobiernos por la vía de la insurgencia. Y algo más: con su política de vuelta al capitalismo ( o de abandono del capitalismo de Estado, si alguno lo prefiere), así el gobierno cubano lo llame de otra forma, como los chinos, Cuba está interesada en fomentar acercamientos a otros países distintos de Venezuela (también “por si acaso”), y ello implica, con el pragmatismo que está en la base de todas las acciones políticas, un acercamiento con Estados Unidos, apoyado esto primero, en las necesidades de la misma economía cubana, y en el hecho de que sectores del exilio, sectores de la oposición en Cuba y sectores americanos propiamente dichos, están presionando para lograr dicho acercamiento (Paul Ryan, ¡quién lo creyera!, era uno de los congresistas que presionaba a favor de dicho acercamiento hasta cuando lo nombraron candidato a Vicepresidente. Ahora dice que no, que será duro con Cuba; pero, esa es la política, y así son los políticos) buscando una transición que impida cualquier tipo de derrumbe violento o repentino, del sistema cubano, que perjudicaría a todos y lanzaría sobre Estados Unidos una oleada migratoria de tal magnitud que no podría absorber en medio de la crisis de la cual intenta salir.
A propósito: Brasil es uno de los países con mayores intereses en la isla adecuando un puerto, entre otras inversiones, para un mejor intercambio comercial de la isla con el resto del mundo.
Y ya que nombramos a Estados Unidos, creo que es imprescindible el apoyo del gobierno americano a la negociación. Les conviene a las FARC ya que están pidiendo la participación de Simón Trinidad en la misma. Y esto depende, en última instancia, de la buena voluntad del gobierno americano. Le conviene al gobierno colombiano (que es obvio debió consultarle) como socio que es del gobierno americano en la guerra contra las FARC. Más aún, cuando a la hora de la negociación se presentará el problema de qué hacer con las solicitudes de extradición que por narcotráfico tiene Estados Unidos de algunos miembros de las FARC. Así que, en algún momento será imprescindible el aval explícito de la gran potencia y, de pronto, más adelante, su participación en el proceso como garantía de resultados.
Ahora bien; estamos frente a dos procesos electorales a los cuales no es ajena la negociación: Venezuela y Estados Unidos. Para Colombia no hay problema, en principio, que gane Chávez o que gane Capriles. Salvo que ocurra una grave desestabilización de Venezuela que puede ser producida por unos o por otros. O, por todos. Cada uno de los candidatos les ha metido en la cabeza a sus partidarios que van a ganar por millones de votos. Ello ayudado por encuestas afines a uno y otro bando.
Si los chavistas llegasen a perder las elecciones y a no entregar el poder, las consecuencias irían más allá del proceso de paz de Colombia. Pero no creo que eso suceda por factores internos y externos. A nivel interno, la oposición está bien organizada como para exigir el respeto a los resultados; la boliburguesía tampoco está a favor de profundizar el proyecto de Chávez y la salud del mismo (único referente de la Revolución Bolivariana), no da para aventuras.
Desde el punto de vista externo, UNASUR se ha convertido en un elemento de garantía del proceso electoral y del respeto a sus resultados. Por lo dicho arriba, a Brasil no le interesa un conflicto en Venezuela y, es muy posible que para la presidenta Rousseff sea más cómodo asistir al triunfo de la oposición, una vez que Venezuela ya está en el Mercosur y que entró por vías no muy aceptables, aprovechando la suspensión (de dudosa legalidad) de Paraguay.
También, el presidente Santos dejó clara su posición en este sentido al recibir a Capriles (sin que Chávez pudiera hacer nada al respecto), el candidato de la oposición y declararse neutral en el proceso electoral. Aunque la gorra de Capriles quedó visible sobre el escritorio del presidente colombiano. Y esa posición no la ha tomado solo como vecino sino también como importante miembro de UNASUR.
La Fuerza Armada Venezolana se vería obligada a hacer respetar el triunfo, en caso necesario y con las consecuencias que fuesen.
Ahora: si Chávez gana las elecciones, hay que ver cómo se comporta la oposición. Es de esperar que también respete los resultados. Uno no puede entrar a jugar, sabiendo cómo se reparten las cartas y luego, si pierde, acabar pateando la mesa.
De todas maneras, quienquiera que sea el ganador, va a tener por delante una situación compleja por resolver: la economía y la inseguridad en caída libre. Si gana Chávez, es muy difícil que pueda seguir profundizando su modelo. Tanto por las resistencias internas, como porque al MERCOSUSR le interesa un socio fuerte con una economía ordenada que no puede seguir soportando esos índices de inflación, de retención de divisas para negocios, problemas de litigios internacionales y de incumplimiento de pagos, para nombrar algunos.
Si gana Capriles, porque no va a poder llegar a hacer borrón y cuenta nueva como lo esperan muchos de sus partidarios, dadas las relaciones de fuerzas internas. Tendrá que “pisar pasito” si quiere tener gobernabilidad.
En cuanto a las elecciones en los Estados Unidos, si gana Obama la reelección, habrá una mayor receptividad a la negociación. Si gana Romney y en Venezuela Chávez, es posible que Santos cuente con menos apoyo.
Pero bueno, hay que dejar en claro que profetizar sobre las acciones humanas, sobre todo en política, puede no ser más que un buen ejercicio de imaginación. O, a veces, pensar con el deseo.
El acompañamiento de Chile, es muy importante, como hemos dicho, porque es un gobierno de derecha y con alto peso en el continente. Y, el de Noruega, significa la presencia de Europa y de un país que tiene una magnífica experiencia en resolución de conflictos.
¿Obstáculos? El camino está sembrado de ellos. Sobre todo a nivel interno, si bien hay voces externas muy influyentes en Washington que se oponen también.
Un intento de la guerrilla de querer alterar las estructuras del Estado, daría al traste con el proceso. El gobierno ya ha advertido que no se negocia para eso.
Otro, es lo que pase con el Ejército de Liberación Nacional, ELN, que ya ha dicho que el proceso comenzó mal porque no están representados los actores sociales. Pero eso no se va a dar, o va a ser algo muy restringido y se dejará para una etapa avanzada porque, se alegará con la experiencia de que cuando hay muchos representantes, cada uno quiere negociar su propia paz lo que conduce a ninguna parte, y ese es un riesgo para el gobierno que ha puesto el reloj marcado como uno de sus instrumentos más importantes de juego.
Pero, entonces, ¿qué va a pasar con el ELN? ¿Va a unirse a la negociación? De ser así, ¿respetaría la agenda establecida en La Habana? ¿O no? Y, si no, ¿montaría el gobierno otra negociación con otra agenda?
Desde luego que no. El gobierno no tiene cuerda para eso. Por eso es deseable que vayan a la misma mesa y participen en la negociación. Si no lo hacen quedarán absolutamente aislados sin ninguna capacidad para resistir a las fuerzas del Estado.
Continuando:
La llamada extrema derecha que ha pedido rendición sin más y aplicación de la justicia, se opondrá, fuertemente, apostándole al fracaso. ¿Cómo y hasta dónde? Nadie lo sabe. El presidente ha dicho que quien se demora tirándole piedras a cada perro que le ladra en el camino, corre el riesgo de no llegar a la meta. Es cierto. Pero, también es cierto que, de pronto, por no tirarle piedra a un perro que ladra, pueda sufrir una mordida y no llegar nunca a la meta.
De trampas está llena la vida y minimizar un peligro, puede ser fatal. No hay sino que recordar que el “si yo hubiera”, no cuenta en historia…
Ahora bien: como conclusión de estas notas especulativas, lo que puedo decir es que la finalización del conflicto militar puede llevar a la paz, con relación a ese conflicto. Pero, nada más. LA PAZ, con relación al país, es otra cosa. Eso implicaría un mínimo de justicia en lo que tiene que ver con la redistribución de la riqueza y del ingreso. Y eso no se va a dar. Los intereses privilegiados no van a ceder, o cederán muy poco. La concentración de la tierra, base crónica de los conflictos agrarios, quedará sin variar mayor cosa. Ya lo intentaron y fracasaron López Pumarejo y Lleras Restrepo que querían un país moderno. No habrá, pues, reforma agraria.
Ni siquiera los beneficios que son de riqueza común, como son los frutos de la minería (el subsuelo es de la Nación y la Nación somos todos) llegarán a esas mayorías que los necesitan. Cuando se hace el intento, los corruptos cogen el Tesoro Público como si fuese de su propiedad y arrancan con él. Y no pasa nada. Nunca hay pruebas. Y esta justicia nuestra nunca llega, ni siquiera cojeando. Salvo para los de ruana porque a ellos sí les cae con la velocidad de la luz.
Todo se soluciona con un mayor endeudamiento estatal para no afectar a los privilegiados. Siempre se argumenta que ellos son los que crean empleo. Entonces hay que subsidiarlos. Y, así, el Estado acaba pagando los empleos que dan los creadores de empleo. Si se intenta crearles algún impuesto, está la amenaza de sacar del país los capitales como está ocurriendo en Francia, España y Grecia, solo para poner unos ejemplos. La economía globalizada ofrece vías expeditas y paraísos fiscales donde librarse de cualquier impuesto.
Es irónico que aumente la deuda estatal, al mismo tiempo que “tenemos” crecimiento económico. Ahí es donde hay que desvelar, políticamente, las palabras y aprender a diferenciar el país nominal (Colombia) que crece económicamente (a costa, también, de un desastroso deterioro ecológico), del país real (la mayoría de los colombianos), que se degrada socialmente.
Economía concentrada, sociedad desarticulada y naturaleza destruida. Ese es el telón de fondo para negociar la otra paz, LA PAZ de la dignidad humana de todos, y para todos los que vivimos en, o estamos ligados a ese pedazo de tierra y a ese conjunto de gente que, con términos retóricos llamamos PATRIA.
¿Quién o quiénes, negociarán esta PAZ? Y… ¿cuándo?
Las organizaciones sociales de indignados de todas clases, tienen la palabra. La respuesta tiene que ser política. Pero, primero hay que “des-economizar” la política y refundar el Estado, democratizándolo. Nada fácil en una economía planetaria que quiere acabar con la dimensión social del Estado. Pero, si no lo hacemos, acabaremos ahogados en un torbellino de pasiones fratricidas que nos borrarán como Nación, continuando con la saga que tuvo su origen en el comienzo de nuestra historia.

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TRAGICOMEDIAS POLÍTICAS: MISCELÁNEA VISUAL

TRAGICOMEDIAS POLÍTICAS: MISCELÁNEA VISUAL

JORGE MORA FORERO
Voy a comenzar con el Diccionario de la RAE:
Tragicomedia: a) Poema dramático que tiene al par condiciones propias de los géneros trágico y cómico. b) Suceso que juntamente mueve a risa y piedad. [Aunque, creo yo que política y piedad son antagónicas, salvo que se entienda piedad como lástima].
Miscelánea: a) Mezcla, unión y entretejimiento de unas cosas con otras. b) Obra o escrito en que se tratan muchas cosas, inconexas y mezcladas.
Estamos en la Gran Potencia del Norte. Entremos, pues, a un rincón de la mancha, no de aquella de la que no quería acordarse el famoso Manco de Lepanto, sino de esta tragicomedia de promesas y engaños que cubre el planeta:
El político sube a la plataforma preparada especialmente para él en el recinto universitario. Todos hacen silencio. Se hace la presentación por parte del Presidente de la Universidad quien hace alarde de poder ofrecer un espacio para el sagrado debate democrático. El precandidato, con una sonrisa que inspira seguridad, hace una descripción de la situación de crisis en que estamos viviendo; culpa al presidente actual por todas las desgracias del país y dice que él, y sólo él, puede sacarnos del atolladero y conducirnos a la grandeza. Y termina con esta frase: mi vida es un cristal transparente que, sin duda, servirá como referente a las generaciones futuras. Los oyentes estallan en aplausos. El Presidente de la Universidad estrecha la mano del candidato y lo felicita, al tiempo que este amplía la sonrisa con aire de triunfo. Es como si comenzara a saborear la gloria del poder.
Después sabremos que el Partido ha apoyado con fondos y que es lobista para lograr recursos oficiales para la Universidad. Y que muchos de los que estallaron en aplausos no eran sólo estudiantes de la institución, sino porristas enviados por la campaña con el fin de mostrar la aceptación del precandidato por parte de la comunidad académica.
Quien conoce estos rituales puede sonreír al presenciarlos. Sabe que todo es un montaje. Un verdadero show; la promoción comercial de unos políticos que, como detergentes, van a limpiar las sucias y percudidas manchas del sistema social, enarbolando valores de libertad, de igualdad de oportunidades, de seguridad ante el futuro, todo ello con el telón de fondo de ser esta la tierra de promisión donde logran realizar sus mejores sueños aquellos que tienen el coraje para lograrlo. Y, ellos, los políticos que nos han hablado, se muestran como el mejor ejemplo de una realidad no inventada sino palpable. Los que no hemos llegado, lo lograremos si apoyamos al candidato que quiere cambiar el mundo para facilitarnos el ascenso al podio con la sonrisa del triunfo…
Vendrán luego, los debates por televisión: el enfrentamiento de los precandidatos en vivo y en directo y las cuñas publicitarias. Asistiremos, entonces, a la voladura en pedazos de los cristales transparentes y comenzaremos a ver a los hombres sin máscara, a los reyes desnudos, con pasado non sancto que, en algunos casos, sorprende el hecho de que no estén en la cárcel, según lo que cada uno dice de los otros. No ahorran epítetos porque cada uno tiene su historia, turbulenta como es la vida en el mundo de la política…
Lo único que queda claro de eso, es que uno no debería votar por ninguno de ellos. Pero, en un mundo polarizado por pasiones extremas, lo que menos cuenta es la ética; ni siquiera la violación de la ley. Lo que cuenta es el juego del poder que hay que ganar, a cualquier precio. Y se apuesta fuerte…
Unos meses más tarde en el año 2012:
En la presentación de Paul Ryan, su candidato a Vice-presidente, Mitt Romney, el candidato republicano, se equivoca y lo presenta como “futuro presidente de los Estados Unidos”.
Pero eso no es raro en Romney. De hecho, sus metidas de pata ya se han convertido en él, en algo normal. Incluso cuando va al exterior para mostrarse como estadista, como se vio en el caso de la crítica a los británicos por la organización de los Juegos Olímpicos, o en su visita a Israel y la comparación con los Palestinos. Sin embargo, lo anterior no es lo más grave. La cosa más seria, de verdad, se presenta en el campo de la credibilidad. Si bien a los políticos no se les puede creer, a Romney se le cree menos. Eso se lo sacaron en cara sus rivales en las primarias. De hecho, Santorum lo presentaba como lo más parecido a Obama (a quien tampoco se le cree mucho) y, por lo mismo, sin credenciales conservadoras. Pero él hacía lo posible por presentarlas sin que convenciera. Renegó de la reforma de la salud que, como gobernador, había llevado a cabo en Massachusetts y en la cual se inspiró la reforma de Obama. Renegó de su postura anterior frente a los homosexuales y, para ganar la candidatura, trató de mostrarse ultraconservador en todos los sentidos para tratar de congratularse con la ultraderecha del partido que, representada en los otros precandidatos, era mayoritaria pero se presentaba dividida. No logró convencerla y eso se muestra en el hecho de que le impusieron a Paul Ryan, uno de los “halcones” del Tea Party para que lo controle y lo haga cumplir con los postulados ultraortodoxos del extremismo republicano. Decir que Romney “lo escogió”, es un chiste flojo que forma parte de la comedia electoral. En realidad le pasó lo mismo que a McCain cuando le impusieron a Sarah Palin que no tenía ninguna afinidad con él, pero le neutralizaba cualquier atisbo liberal.
En las primarias ganó Romney por dos motivos: primero, porque reunió mucho más dinero que los otros para hacerles publicidad negativa y, segundo, porque “los notables” del Partido Republicano no querían a un extremista completo para enfrentar a Obama ya que para ganar necesitan a los sectores centristas e independientes del electorado y eso no era posible con ninguno de los otros precandidatos. Pero es claro que, por ejemplo, si Santorum hubiera tenido el dinero de Romney, este habría sido eliminado rápidamente de la contienda. De hecho Santorum había ganado el caucus de Iowa pero, por motivos que no parecen muy claros, quienes manejaron el proceso dieron como ganador a Romney. Hasta después de que Romney había ganado en otro estado, se supo que el ganador del primer debate había sido Santorum. Y a mí no me queda duda de que ese anuncio tardío de lo que fue un serio error de la organización electoral, afectó negativamente a este precandidato porque el triunfo en el primer estado genera un impacto sicológico en el posterior desarrollo de la contienda.
Ahora Romney y Ryan. O, mejor Ryan y Romney, porque los conservadores vibran con el primero y, apenas, soportan al segundo; digo que han afirmado que recobrarán la grandeza de América. Lo curioso es que piensan hacerlo sobre las mismas falsas bases que han estado ocasionando su ruina; recortes sociales, subsidios a los ricos y aumentos del presupuesto de defensa. Quienes proyectan estas políticas harían bien en estudiar las causas de la decadencia del Imperio Romano, aunque todo parece indicar que a los políticos la historia los tiene sin cuidado porque sufren del complejo de Adán: cada uno que llega al poder (o a lo que él, ingenuamente, cree que es el poder), quiere hacer sentir que con él se inicia la historia del mundo. Y ensayará “sus creaciones” para dejarlo, finalmente, peor de lo que lo encontró. Las víctimas de sus errores seguirán ahí, maltratados, escépticos, hasta cuando el próximo mesías les diga que la historia ahora si va a comenzar en serio…
Por ahora, neoliberalismo puro. Objetivo: desmontar el Estado en lo que hace referencia a su faceta social, aquella que, justamente, ha sustentado el Contrato Social, “la metáfora fundadora de la racionalidad social y política de la modernidad occidental” (1). Porque el Estado no puede ser, solamente, fuerza defensiva y represiva. Tiene que ser actor, fuerza y espacio de cohesión social. Es decir, procurar que nadie quede por fuera de los beneficios del sistema social. De lo contrario, pierde legitimidad al dejar de lado esa racionalidad arriba citada para imponer un darwinismo social de la peor especie. Es decir, practicar al pie de la letra las ideas-fuerza de Milton Friedman, (más ahora cuando se está celebrando el centenario de su nacimiento) muy bien sintetizadas por Carlos Alberto Montaner:
La ardiente convicción de que nadie sabe mejor que nosotros mismos lo que deseamos y lo que nos conviene; la firme creencia en la libre competencia para perfeccionar gradualmente los bienes y servicios que adquirimos o producimos; y la necesidad de que los individuos asuman responsablemente el control de sus vidas (2).
¡Libre competencia! En un mercado global dominado por los monopolios u oligopolios de las grandes corporaciones. Esta es una teoría ilusoria para gente cándida pues, como dice Pedro Montes: “El mundo es algo más imperfecto y perverso”. (3). En cuanto al “nosotros mismos”, ¿cómo podríamos serlo en un mundo amaestrado por la publicidad con mentes completamente robotizadas por los medios de comunicación que en vez de comunicar, acondicionan?
Y, en lo que hace relación al “responsablemente”. ¿quién establece los marcos de responsabilidad? En principio, todo parecería indicar que hay una ética que respetar, fundamentada en un sentimiento colectivo. Pero, no hay tal. En esta filosofía, el individuo es la célula natural del orden social, y el colectivo, sólo un instrumento para su realización. Porque, en este individualismo absoluto, el individuo, el indivisible”; el “Todo primordial”, es ANTERIOR a la sociedad y, por lo mismo, al Estado que se convierten en sus sirvientes porque estos ya no son naturales sino históricos. Por eso el famoso lema, “El bien común prima sobre el particular”, no es más que un enunciado ideológico en la medida en que la SOCIEDAD está construida a partir de la INDIVIDUALIDAD. El bien colectivo es el resultado de la competencia individual en general, y de competencias individuales, extremadamente diferenciadas desde el entorno social en que se nace, y que tiene que ver con la riqueza y el ingreso que sustentan la vida del individuo, la educación que recibe y las relaciones sociales que le “apalancan”. Así que si a un individuo le va mal, pues ¡de malas! ¡Es un incompetente! Ya la Sociología “Funcionalista” nos ha enseñado que esta es una sociedad abierta y que los individuos suben y bajan, cambian de status, libremente y con base en su esfuerzo. Y habrá sociedad pero no como sinónimo de solidaridad, o como heredera de la “comunidad”, sino como compañía mercantil, como empresa. Allí, como dice Montaner interpretando a Friedman, “el consumidor vota con su dinero…” (4). Porque en esta sociedad-empresa, donde todo es mercancía, todos somos consumidores. Y quien no pueda comprar y consumir, no es ciudadano. Lo cual nos lleva , también, a desmitificar la separación entre economía y política y la pureza del voto democrático. Asistimos a una “economización” de la política, vale decir, a la negación de la política que es lo que tiene que ver con lo colectivo, y a su remplazo por, o a su dilución en la economía que es lo que tiene que ver con los intereses privados.
¿Qué tiene que ver lo anterior con la campaña presidencial?
Pues que, en la medida en que los candidatos se presentan como productos “publicitables” por los medios de comunicación y “consumibles” por los posibles votantes, el dinero será un importante determinador de los resultados.
Entonces:
En una sociedad altamente polarizada como lo es la sociedad americana en este momento, la libertad de elección por lo llamativo de un programa, se verá desplazada por la publicidad negativa contra el candidato contrario y por el bombardeo ideológico de los extremos del Partido Republicano, fortalecidos ahora con la escogencia de Paul Ryan, para mostrar a Obama poco menos que como el representante de un comunismo caduco del cual hay que liberar a los Estados Unidos, e imponer un sistema draconiano de recortes sociales de tal manera que quien no pueda pagar por la salud, por la educación, por la vivienda, por la recreación, etc., queda out. Dice Sergio Muñoz Bata que tres quintas partes de los recortes que Ryan ha propuesto, afectarán a los pobres y a los más pobres (5). Pero Ryan es un católico “de recortes tomar” a quien tienen sin cuidado las mismas críticas de su Iglesia Católica preocupada por la parte moral y por las consecuencias prácticas de los mismos. Numerosos miembros de la Iglesia Católica publicaron en diferentes medios un comunicado de prensa cuyo extracto dado a conocer por Faith in Public Life es citado por la columnista Sabina Cobo de El Nuevo Herald:
En pocas palabras, el presupuesto de Ryan es moralmente indefendible y traiciona los principios católicos de la solidaridad, la fiscalidad justa y un compromiso con el bien común. Un presupuesto que da la espalda a los hambrientos, los ancianos y los enfermos, mientras que da más recortes de impuestos a los más ricos, no puede justificarse en términos cristianos.(6).
Pero, para hacer realidad estos proyectos, se necesita ganar la Presidencia. Y eso requiere de dinero, mucho dinero, lo que significa que los aportantes del mismo, aunque tú, votante, no lo creas, votarán por ti, así seas tú quien llene la papeleta de votación. Por eso Paul Ryan se ha desplazado este martes 14 a Las Vegas para reunirse con Sheldom Andelson , el magnate de los casinos (investigado por las autoridades chinas y americanas por diversos problemas), y con otros acaudalados hombres de negocios para recolectar millones para la causa “teapartydista” que quiere sacar a Obama de la Casa Blanca, al precio que sea.
Por lo anterior, Obama no la tiene fácil para ser reelegido. En primer lugar, porque, mayormente no cumplió con las promesas que le hizo a tanta gente esperanzada. Guillermo Descalzi, un columnista de El Nuevo Herald que, hasta hace poco simpatizaba con Obama dice que:
A Obama se le considera baloney, que en terminología inglesa significa falso. Oba-loney falseó su persona y sus promesas. Despertó ilusión y desilusionó. Prometió revisar los tratados de libre comercio y no lo hizo. Prometió un gobierno libre de cabilderos y puso cabilderos en puestos claves. Prometió reforma migratoria y batió el record en deportaciones (7).
Por otra parte, porque la economía no mejora y la situación europea que incide en su reelección, sigue, contra todo lo que digan los optimistas (que los hay), en un callejón sin salida. La Zona euro está al borde de la recesión, como lo muestra el hecho de que el PIB cayó 0,2% en el segundo trimestre del 2012, agravada esta situación por la crisis de varios países como Grecia, Portugal, España e Italia (8). Y, como lo que cuenta no es el programa, ni el candidato, sino el dinero, es casi seguro que los republicanos acumularán mucho más, sobre todo después de la sentencia del Tribunal Supremo en el sentido de que cualquier individuo o corporación puede dar dinero sin límites a los Comités de Acción Política (supuestamente independientes del candidato), sin que se sepa su origen. Es la desvirtuación total de lo poco que quedaba de democracia.
¿Dónde queda, entonces, el poder del elector? En nada, pero es una de las ficciones más creídas. Y los seres humanos se mueven, mayoritariamente, por ficciones. Entre otras cosas, porque no es fácil saber qué es ficción y qué no lo es. Menos aún, en el campo de la política en donde pueden hacerse aparecer como intereses vitales de la Patria, los intereses particulares más mezquinos…
Y dejando volar la imaginación al Sur, nos encontramos con noticias de la Venezuela de Chávez, por el momento sobreviviente del cáncer y en trance de reelección.
Reelección: otra de las pestes de la democracia porque conduce al personalismo y a la autocracia; al remplazo de las instituciones por las personas que se presentan como imprescindibles, fomentando la corrupción y el clientelismo para la sustentación del poder. Y no importa si el autócrata es de derecha o de izquierda (si es que eso tiene algún sentido todavía); el resultado es el mismo: la destrucción del sistema democrático, de las reglas de juego que permiten resolver los conflictos sin llegar a la violencia.
Si un individuo se convierte, políticamente, en imprescindible, ya se genera una situación de desigualdad. La democracia implica la rotación en los cargos de la administración del Estado como respeto a la igualdad de derechos. Y esto es prioritario frente al argumento de que si alguien lo está haciendo bien, es mejor que continúe. Contra esto siempre habrá otro argumento: que el nuevo podrá hacerlo mejor y que el “reeligiente” (no encuentro otra palabra mejor) podrá terminar en un desastre. A veces el desastre no se siente cuando él se va ( si finalmente se va), sino cuando entra el otro. Entonces, a este se le echa la culpa.
Por otro lado, la maquinaria gubernamental, sobre todo en los países latinos, es un poderoso instrumento de acondicionamiento de los votantes, a través del clientelismo y de la corrupción, cuando no de la intimidación por la fuerza física, que hace imposible competir en igualdad de condiciones con el presidente-candidato. Y, eso no es expresión de la democracia o manifestación de la “voluntad general”, sino negación de la misma.
“Sufragio efectivo, no reelección”, fue el grito con que se desencadenó la Revolución Mexicana contra las reelecciones de Porfirio Díaz, a principios del siglo pasado. Eso costó millones de muertos, pero ni América Latina, ni el mundo, aprendieron. No falta quien ponga de ejemplo a los Estado Unidos. Pero la comparación sirve a medias. Por un lado porque las instituciones americanas están estructuradas de tal manera que el Presidente está ultracontrolado por el Congreso, por el Tribunal Supremo y por los mismos Estados. Tanto que no puede gobernar como quisiera. Ahí está el ejemplo de Obama a quien, si no me equivoco, Juanes criticó porque siendo el hombre más poderoso del mundo, no había hecho lo prometido. Pero el presidente no tiene el poder, es sólo su apariencia; el poder, no como apariencia sino como ser, está detrás, con un rostro que se diluye pero que está ahí conformado por un conjunto de individuos y corporaciones que dicen qué tienen que hacer y qué no tienen que hacer los Estados Unidos. El Presidente sólo coordina, y si tiene un margen de independencia, es muy poco. Lo que pasa es que los políticos se conforman con la apariencia. Para ellos, ser es parecer.
Pero, volviendo al reeleccionismo, sucede aquí en Estados Unidos lo mismo que en otros lados: en el primer período, el Presidente continúa la campaña, da pasos cuidadosos en función del segundo periodo. En eso se gasta 4 años. Si gana, se gasta un año ajustando los intereses de quienes lo han apoyado. Luego gobierna dos años, y llega el cuarto que es el de buscar conservar el gobierno para el partido. Así, de un total de 8 años, gobierna dos. Y el resto, en función de algo que no es el colectivo.
Pueda que esté exagerando un poco pero no creo estar lejos de la realidad.
Ahora, si el presidente no gana la reelección pues…¡se quedó en campaña! Y eso es lo que muchos dicen de Obama.
Por lo planteado, deberían prohibirse ABSOLUTAMENTE las reelecciones. Ni en cuerpo propio, ni en cuerpo ajeno. Podría establecerse un período único de 5 años. Es un tiempo más que suficiente para que alguien que esté capacitado para hacer algo, lo haga. No es argumento decir, para quedarse, que los males de nuestras sociedades son tan grandes y tan profundos que un presidente requiere de mucho tiempo para arreglarlos. De ninguna manera. De todas formas, la eternidad no le alcanzaría.
Dicen las noticias que el presidente Chávez aspira a defender y cimentar su revolución, preparando dos millones de milicianos para hacerlo. Tomando las noticias con beneficio de inventario, porque así hay que tomar las noticias que hablan a favor o en contra de Chávez, creo que, de ser cierto, independientemente de los problemas de defensa que esto suscite en los vecinos (que no serían pocos para Colombia por su contexto interno), lo que hay que sentar casi como principio, por enseñanza histórica, fuera de lo antidemocrático de la reelección misma, es que una revolución cimentada en los fusiles, es una revolución fusilada. La historia así nos lo enseña, aunque no sirva para nada. Gane quien gane, le esperan días muy difíciles a Venezuela porque es una sociedad que, como la americana, está extremadamente polarizada con aproximadamente la mitad de la gente de cada lado.
Pasando al otro lado de la frontera, en Colombia, en medio de “la lucha” entre el expresidente Uribe y el presidente Santos, y la lucha del mismo Santos por parecerse a su antecesor o establecer su propia identidad (parece que va ganando la primera opción por todo lo que ha hecho últimamente), se reúnen ciertos “notables” ( así los llama un diario) que son “ni…ni”, ni uribistas, ni santistas, para pensar el país (este siempre ha sido pensado, no transformado) y quizás buscar una tercería en las elecciones del 2014. Intelectuales de prestigio y políticos conocidos, todos muy respetables, algunos de ellos exponentes de la no claudicación frente a los poderosos. Me sorprendió, sí, ver entre ellos al profesor Mockus, perdedor con el Partido Verde con lo cual diluyó las esperanzas de millones de colombianos. Pero no hay que olvidar que el profesor, siendo candidato, acudió a la Casa de Nariño a decirle al entonces presidente Uribe que él era el más adecuado para cuidar los tres huevitos que sabemos. Desde luego que eso no debería sorprendernos ya que el tal Partido Verde fue claro en afirmar que no era de oposición. Pero lo que sí no es claro es que después, cuando Mockus estaba con Peñaloza para la Alcaldía de Bogotá, lo haya dejado justamente por el apoyo que este último le había aceptado al expresidente Uribe a quien Mockus le había ofrecido cuidar los tres huevitos. Y, luego, cuando muchos de sus seguidores esperaban que se lanzara para la Alcaldía, hizo alianza con Gina Parody quien siempre manifestó su gratitud para con el doctor Uribe. Los resultados no fueron los mejores. Ahora veremos qué nos ofrece este “indignado”. Habrá que esperar a que “pida la palabra”. No debe olvidar que siempre trabajó con el lema de “No todo vale” y que ese mensaje caló en millones de sus seguidores.
Pero, bueno, parece que los notables se habían reunido para buscar una opción de centro. Valga decir que, en política, nadie ha sabido qué es eso. Y, menos en Colombia.
Con un capitalismo hegemónico a nivel mundial, la única opción reformista consistiría en tratar de “domesticar” el capitalismo para “poner la economía al servicio de la sociedad”. O, cambiar una sociedad “ de mercado”, por una sociedad “con mercado”. Los chinos, en el colmo del cinismo, lo llamaron “socialismo de mercado”. Pero, miren lo que ha pasado en Europa con los domesticadores del capitalismo: han hecho lo mismo que los representantes del capitalismo puro, poner el Estado al servicio de la lógica del capital. Miren lo que ha hecho Obama, considerado progresista y “socialista” por los republicanos: salvar los bancos responsables de las trampas financieras y a la compañías mal administradas y perdedoras en la competencia salvaje, como General Motors a la que el gobierno salvó de la quiebra con $67.000 millones de los cuales la Compañía recibió $6.700 en forma de préstamo (que ya devolvió, con todo el escándalo posible), y el resto fue compra de acciones. Para recuperar la plata del contribuyente, las acciones deberían venderse a $54.00 ; el gobierno, hace un tiempo, vendió la mitad a $33.00 y, en los últimos nueve meses, la acción ha estado mas o menos a $20.00.(9). Mientras tanto, la gente pierde su vivienda o se ahoga con las hipotecas.
Del “socialismo de mercado”, ¡ni hablar! Ya es legendaria la hiperexplotación de la mano de obra china (que, de paso, desplaza o precariza la mano de obra del resto del mundo), y la polarización entre una masa de pobres y los multimillonarios chinos, entre ellos los dirigentes del Partido Comunista.
Y, para no ir tan lejos, miremos los recientes acontecimientos de Sudáfrica donde los policías negros han masacrado a más de una treintena de mineros negros que protestaban por los bajos salarios de una compañía inglesa. Es la muestra de la existencia de un nuevo apartheid. Al apartheid racial establecido por los blancos (ahora no legal pero sí real), se ha agregado un nuevo apartheid social establecido por la pequeña élite negra que comparte la riqueza con los blancos, mientras las mayorías negras siguen viviendo su misma miseria como antes del gobierno negro. Por eso dice el periódico sudafricano, The Sowethan que:
Las vidas de los africanos siguen tan baratas como siempre… Ya ha ocurrido antes en este país en el que el régimen del apartheid trataba a las personas negras como objetos… Y sigue ocurriendo hoy con una apariencia distinta…” (10).
Pero, volvamos a la “tercería” colombiana u opción de “centro”. De ser viable el proyecto tendrán que buscarle un adjetivo especial (de por sí, que ya están agotados en Colombia los adjetivos políticos “reformadores”) porque el uribismo radical ya tiene el Puro Centro, que parece ser lo mismo que el centro “puro”.
Después de eso, tendrán que hacerles creer a los colombianos, por lo menos a un sector muy grande, que esta sí es la “verdadera” opción de cambio (de paso digamos que lo “verdadero” siempre es sinónimo de exclusión y dominación) porque, hasta ahora, el cambio, en Colombia, ha consistido en un cambio de máscaras, con los mismos personajes, o con personajes distintos que asumen la identidad de “los mismos personajes”, representantes de esos poderes para los cuales una alteración en los privilegios, representa, una violación “contra natura”.
Entonces, las nuevas opciones, de llegar a triunfar en los comicios (cosa que no es fácil porque para impedirlo, las viejas opciones establecieron la segunda vuelta), tienen que “negociar” (este término mercantilista ya ha permeado hasta la pedagogía) la aplicación de su programa, dialogando con los poderes establecidos, diálogo que, finalmente, daría como resultado el maquillaje de la realidad pero no su transformación porque cuando se dialoga asimétricamente, los deseos de quien habla desde arriba, se convierten en ordenes para quienes hablan desde abajo. El discurso resultante dirá que se salvaron los superiores intereses de la Patria y quien se atreva a negarlo, resultará tildado de apátrida, con todas sus consecuencias.
Así que, finalmente, el pueblo (¡cuántas barbaridades se han justificado con esta palabra!), se habrá encontrado con una “notable” nueva estafa pero, de todas maneras, seguirá votando por los mismos, nuevos o viejos. Que es lo mismo que viejos disfrazados de nuevos. Es como un autoflagelarse cuyos genes vinieran de una época anterior al Big bang. Es decir, desde cuando todavía no había épocas. Se dirá que estoy acudiendo a un determinismo barato porque la mayoría de la población no genera la violencia sino que la sufre. Y esto es cierto en lo que hace referencia a la resolución de los conflictos políticos, donde los señores y grupos de tendencia extremista, se ven en la relación amigo/enemigo, de tal manera que la salida es la eliminación del otro, o su rendición, sin condiciones. Pero, fuera de este tipo de violencia, la sociedad colombiana genera y sufre otros tipos de violencia: dentro de cada institución ( y no hago excepciones). Hay violencia familiar, violencia de género, violencia escolar, hay, violencia de todo tipo contra los niños, violencia contra los campesinos e indígenas, abuso policial, violencia en la vida diaria… Es decir, violencia estructural que repercute, irremediablemente en los conflictos políticos que, al intentar ser resueltos por la vía militar, nos dejan soldados muertos o mutilados, guerrilleros muertos, civiles muertos o desaparecidos y millones de desplazados que viven su miseria social y que son el espejo de la miseria moral de la parte de la sociedad que por tener el poder que tiene, es, en buena medida, responsable de lo que sucede.
Ahora, volvamos a lo político y, en gracia de la palabra, pensemos ¿qué ocurriría si el pueblo dejase de ser ese buey, término con que, curiosamente lo definían algunos humanistas del Renacimiento, y asumiese como sujeto político con intenciones decisorias acerca de lo colectivo? Y la respuesta: es posible que no se lograra mayor cosa. En esta democracia castrada por los poderes financieros, el voto se convierte en un ritual legitimante de políticas destructoras de las ecologías natural y social, para salvar la tasa de ganancia del capital. Y no de un capital productivo que puede llegar a crear riqueza y empleo, sino de un capital especulativo de ganancias inmediatistas, completamente parasitarias y generador del peor darwinismo social, término utilizado por el mismo presidente Obama para referirse a las políticas socialmente excluyentes del Partido Republicano ( compartidas, dicho sea de paso, por una buena fracción del Partido Demócrata).
Y con esto no estoy diciendo que la alternativa sea la lucha armada. Suficientes decepciones, frustraciones y sacrificios vanos le han producido al pueblo las revoluciones armadas del Siglo XX, como para reivindicar, a estas alturas, esos métodos que sólo han dejado nuevas Nomenklaturas cuya riqueza y poder se ha construido con base en el sudor, el trabajo superexplotado, los gulags y la muerte de millones de personas estafadas con el cuento del fin de la alienación y de la llegada del reino de la libertad. No hay duda de que esta mentira con sus resultados, se ganaría la mayor Medalla Olímpica al cinismo histórico.
De todas maneras, es claro que el sistema social colombiano necesita una reestructuración profunda en todos sus aspectos ( miren, nada más: justicia, desplazamiento, recuperación de tierras, narcotráfico, criminalidad común, para no hablar de guerrilla y paramilitarismo o “bacrimismo”, pésima redistribución de la riqueza y del ingreso, carencia de vivienda, salud, educación, instituciones cuestionadas, etc.,) como para intentar arreglarlo con diálogos inofensivos y marrulleros que sólo conducen a nuevas frustraciones populares. El disenso “es la esencia de la política” y lo que la justifica. (11). Como afirma Chantal Mouffe, no hay debate democrático sin confrontación pero, si es democrático, no puede ser confrontación de amigo/enemigo, sino de adversarios. (12). Aquí no se trata de eliminarse mutuamente, sino de lograr que prevalezca un modelo (supuestamente mejor) de sociedad sobre el otro, con el favor de los votantes.
Se necesita, pues, presentar un proyecto serio de reforma que tenga el apoyo de las mayorías dentro de un juego democrático efectivo, no amañado ni amarrado. De lo contrario, es mejor contemplar el mundo que continuar con el cambio de máscaras, o con la clonación de identidades políticas que repiten la historia conocida, que no es, justamente, una Historia Patria.
Y presentar esto en Colombia es más delicado y peligroso todavía, ya que los extremos, como lo dije arriba, siguen con su concepción de la política de amigo/enemigo por lo cual se enardecen los ánimos y se acentúa el juego de la guerra con el sentido de una predestinación ad aeternum. En este contexto, los actores democráticos quedan sujetos a señalamientos de corte extremista, neutralizando, por un lado, la búsqueda de las reformas sociales necesarias, o la defensa de un proyecto conservador civilista y, por otro, poniendo en riesgo la vida de los participantes en esos proyectos. Si un presidente como el doctor Santos que está catalogado como de derecha, ha tenido tantos enemigos para desarrollar su proyecto tibiamente reformista en la devolución de tierras y en sus intentos por buscar la paz, imaginemos lo que puede ocurrir con un proyecto que “huela “ a izquierda o tan siquiera a centro-izquierda, e inclusive, a sólo “centro”, en la nomenclatura tradicional, y cuyo apelativo surgirá de acuerdo con los intereses particulares que pretenda afectar…

De todas maneras, hago votos porque el presidente siga adelante con su proyecto para acabar con el conflicto armado. Ya es hora, también, de que los señores de la guerra, y sus respectivos simpatizantes o promotores, entiendan que los colombianos, y muchos más allá de Colombia, estamos hartos de tanta violencia sin sentido, y que todas las páginas de la historia no tienen por qué estar escritas, necesariamente, con sangre. Que ya es justo, si puede haber alguna justicia en el mundo, que la paz violenta de los sepulcros dé paso a la paz para una vida digna, sin exclusiones de ningún tipo. Digo esto último porque, en Colombia, la palabra exclusión forma parte del ADN histórico-social del país.

Ahora, volviendo a la actividad política:

“Pidamos la palabra”, sí, pero…¿ a quiénes? ¿A quienes han manejado siempre el discurso de la racionalidad oficial o natural y que le ponen el contenido a la palabra, incluso cuando la dan? O, ¿pensamos, realmente, que el pueblo puede darnos la palabra? O, como tercera opción, ¿nos tomamos la palabra, de hecho, sin pedirle permiso a nadie y hablamos? En ese caso, ¿a nombre de quién, o de quiénes? ¿Estamos seguros de que podemos proceder sin máscaras? Y es más: ¿persistir en ello?
Tantas preguntas en medio de un país que se hunde cada vez más, y espera respuestas…
Siguiendo con la miscelánea:
El omnipresente pero cuasi-inútil Secretario General de las Naciones Unidas que siempre muestra su “gran preocupación por…”, pero sin hacer nada efectivo, sale ahora con un discurso con motivo del Día Internacional de la Juventud, en el cual pide a los gobiernos, al sector privado, a la sociedad civil (¿ qué será eso para que él la considere sujeto de petición?), y al mundo académico (otra entelequia sin poder) que ofrezcan una respuesta política a los jóvenes ya que muchos “con un potencial sin precedentes en la historia” no tienen dónde ubicarse. Agregó que demasiados de ellos, incluso con los que cuentan con una alta educación, reciben salarios bajos, tienen empleos sin futuro y sufren niveles récord de desempleo.(13).
Pero, ¿qué respuestas posibles ofrece el Señor Secretario? No hablemos de la “sociedad civil” o del “mundo académico” porque esos son conceptos para rellenar discurso. Hablemos de los gobiernos y del sector privado. Cómo podrían ayudar los gobiernos que están quebrados por los subsidios a los ricos, por la corrupción, por los salvamentos al sector financiero (que sigue haciendo las mismas trampas que antes), y por el menor recaudo de impuestos a causa de los círculos viciosos que genera la crisis? ¿Qué les sugeriría hacer por ejemplo, a Obama, a Rajoy, a Monti, a los Primeros Ministros de Grecia y de Portugal, o a ese gran Cruzado de la tragedia mexicana, el presidente Calderón o a su muy cuestionado posible sucesor Peña Nieto? ¿Qué, en el caso colombiano, una de las sociedades más desiguales del mundo, que no sea cambiar los métodos para medir el desempleo, la pobreza y la indigencia para que aparezcan disminuidos en el papel?
Y, al sector privado, ¿que sacrifique parte de sus ganancias para redistribuirlas en forma de empleo? ¿Cómo? ¿Precarizando absolutamente el trabajo creando mini-salarios, y eso con subsidio del Estado? ¿Reduciendo el salario del resto de los trabajadores con lo cual se disminuye el ingreso y se agrava la crisis de demanda? Eso es lo que se ha hecho. Pero el Secretario no dice nada, sólo pide. Y con eso justifica su sueldo de burócrata internacional.
Y es que nuestros líderes que deberían dar soluciones pues por, y para eso se supone que son líderes, se han acostumbrado a pedir. Pide Banki-moon, pide Obama, pide el Papa, pide Rajoy, pide Monti… Hasta Monsieur Hollande está pidiendo. Creo que la única que no pide es la señora Merkel. Ella ordena…
En el caso de Siria, ese gran polvorín del Medio Oriente, por ejemplo, ¿qué ha hecho el Secretario, antes de que se ofreciera Koffy Annán para tratar de mediar? Pedir a Assad que se fuera, que no derramara más sangre. Pero, curiosamente, no había puesto el mismo énfasis cuando Mubarak comenzó a derramar sangre en Egipto; ni con el presidente de Túnez o con el de Yemen. O con el monarca de Bahrein. ¿Habrá sido porque eran aliados de Occidente? Alí Abdullah Saleh, el de Yemen, por ejemplo, derramó toda la sangre que quiso y sólo se retiró, dejando a su segundo al mando, cuando le vino en gana. Hoy disfruta su estadía en Estados Unidos, “por motivos de salud”. Lo de Bahrein quedó así porque las tropas saudíes aplastaron la revuelta popular. O sea que tiranos, con corona o sin ella, han ejercido sus dictaduras y sus represiones durante decenas de años sin que les pasara nada, por esa alianza. Pero Assad no es aliado de Occidente sino de Rusia. Y de Irán y del Hesbollah libanés, enemigos jurados de Israel. Por ahí va entonces la cosa.
Es cierto que Assad, como su padre, han sido dictadores sin escrúpulos, responsables de masacres. Pero, también es cierto, como lo era en el caso de Sadam Hussein (este en un tiempo amigo íntimo de Occidente) que su gobierno ha tenido un carácter secular, de respeto a las religiones, como pueden atestiguarlo las comunidades cristianas establecidas en esos países. Y que han sido gobiernos enemigos de Al Qaeda y de los musulmanes radicales que están luchando ahora del lado de los rebeldes para derrocar a Assad. Y no son sólo los soldados de éste los que masacran. Lo hacen también los rebeldes (financiados por Arabia Saudita y Qatar) que, como nos lo han mostrado en público, van torturando, fusilando y degollando al grito de Allahu Akbar (Dios es grande). Y comienzan a aplicar la Sharía (la Ley Islámica), en las zonas “liberadas”. Entonces, va quedando claro que, en política, hay muertes malas y muertes buenas, según se vaya dando la lógica del poder.
Siria es un factor de estabilidad muy importante en esa explosiva zona, entonces, ¿por qué desestabilizarla?
Muy fácil: las potencias occidentales quieren pescar en río revuelto para ganar un aliado, sacar de ahí a los rusos, que se abren paso para que vuelvan a reconocerlos como potencia, y que tienen en Tartus su única base naval sobre el Mediterráneo. También para ganarle de mano a la expansión china que, junto con Rusia, ha respaldado a Siria en el Consejo de Seguridad y que no se resigna a ver que el Mar de la China y sus áreas adyacentes sean patrullados hoy por los barcos americanos como si la China de hoy fuese la misma de ayer, dominada por, y repartida entre las potencias occidentales.
Turquía teme que los kurdos sirios ganen autonomía y que eso produzca un efecto de mostración sobre los kurdos turcos, unido todo esto al hecho de que los kurdos del norte de Irak ya tienen un alto grado de autonomía administrativa y de control del petróleo de esa zona, y con los kurdos de un debilitado Irán, se iría al soñado Gran Kurdistán, dando sólo un paso. Es la gran pesadilla de Turquía.
Pero, está el juego de Arabia Saudita y Qatar, enfocado a golpear a Irán, a como dé lugar. Y qué golpe el que le darían al desestabilizarle a su mejor aliado en esa zona.
Y, luego, el juego de fondo: el de Israel con su miedo a que Irán produzca la bomba nuclear y, por lo menos, neutralice su poderío, en ese campo. Si tomamos en cuenta que el ataque israelí (anunciado por ellos mismos) a Irán, se producirá pronto (aunque haya jefes militares que no lo recomienden), se entiende mejor el problema sirio. Se dice que Israel no atacará sólo a Irán, sin Estados Unidos. Pues bien: si Israel ataca, es porque piensa que ese apoyo va a darse. O, que sobre los hechos tiene que darse. En efecto, en un contexto electoral en que los republicanos le enrostran a Obama el no apoyar suficientemente a Israel, el presidente norteamericano no se negaría a dar ese apoyo. En esto no debe haber problema. Estados Unidos tiene como fundamento de su política en Oriente Medio, el asegurar la existencia de Israel al que Irán, desconociendo realidades históricas y geopolíticas, quiere borrar del mapa, como lo hemos oído por boca de su presidente Ahmadineyad y de Alí Jamenei, el líder teocrático de la Revolución. Así que es posible que haya un compromiso expreso o tácito. Y que sea apoyado por las otras potencias de Occidente. Eso se deduce de la posición de estas frente al avance nuclear iraní. Pero ignoramos qué acuerdos concretos existan. Es bueno recordar que lo que conocemos de la historia es sólo la superficie. Y, a veces, ¡ni eso!
Esto nos lleva a entender mejor lo que ocurrió hace unos días en el Sinaí: el asalto a un puesto militar egipcio que obligó al nuevo presidente musulmán a enviar al ejército a esa zona, previa aprobación de Israel, para confrontar a los islamistas radicales que se comunican con la Franja de Gaza. A esta, el ejército egipcio le cerró el paso abierto y le controló los túneles. Con eso Israel se cuida las espaldas, asegurando la neutralidad egipcia por el cumplimiento de los Tratados Internacionales y, por lo mismo, la neutralización de Hamas en Gaza.
Desestabilizada Siria, se debilita en altísimo grado a Hesbollah en Líbano, a sabiendas de que si Israel ataca a Irán, Hesbollah (aliado de Irán) atacará a Israel. Este sabe que tendrá que pelear por lo menos en dos frentes: Irán y Líbano. Y, si se alborota Gaza, tendría que pelear en un tercer frente.
Pero Siria ha sido un factor de estabilidad, incluso para el mismo Israel. Así que la mejor salida sería una transición negociada con participación de todos los actores del conflicto. Porque en éste hay muchos intereses encontrados: Assad/rebeldes; Irán/Israel; Arabia Saudita-Qatar/Irán; sunitas/chiitas; Turquía/ Kurdos; Occidente/ Rusia-China; etc. Así que nada fácil satisfacerlos a todos. Pero el pueblo sirio no puede seguir sufriendo semejante carnicería que, comenzada y continuada por el gobierno, sin piedad alguna, y respondida por los rebeldes con sus propios métodos, puede hundir al país en una guerra de venganzas de nunca acabar (aún después de Assad, porque es inevitable que haya un después), y en donde quienes estamos fuera, nos convertimos sólo en espectadores de ese terrible sufrimiento de hombres, mujeres y niños despedazados por la fuerza del odio.
Ahora, ¿quién, o quiénes ganarían con la desestabilización de Siria y el golpe a Irán? Occidente, Israel, Turquía, Arabia Saudita y Qatar, pretenderían ser los ganadores. Pero, esa es una zona tan explosiva que más que un juego de supremacías políticas, o del control del petróleo, es ,ante todo, el juego de la estupidez. Es encender la mecha de un conflicto de incalculables proporciones y consecuencias que, de entrada, puede comenzar con una escandalosa alza en los precios del petróleo si se presenta algún bloqueo del Estrecho de Ormuz, hundiendo al mundo en una depresión económica (ya, sin guerra, Standard Poor`s anuncia nueva recesión en EE.UU., para el año entrante), con sus correspondientes conflictos sociales y, más allá de eso, pero también como su consecuencia, un desmesurado aumento del terrorismo y de la inseguridad, en la mayoría de los países del planeta, incluidos, por supuesto, Irak y Afganistán que volverían a su mejores épocas de violencia. Y, los europeos que perderían el sueño que aún no les ha quitado la crisis.
Aquí es donde puede terminar la comedia y comenzar la tragedia. Porque la estupidez es una constante histórica para la cual no hay terapia conocida. Ni siquiera la Razón, esa de los ilustrados del siglo XVIII que soñaron con la creciente perfectibilidad moral y técnica del hombre, y no alcanzaron a darse cuenta de que, desde el siglo XIX, comenzaría a desmoronarse la idea de la historia lineal como progreso ya que el instinto y las pasiones eran más fuertes que la citada Razón. Y ni siquiera la nietzscheana voluntad de poder ha servido para algo que no sea más que para acelerar la destrucción.
Esperemos, con un optimismo “contra-historia”, que no ocurra ninguna locura.
Weston, Fl., agosto del 2012

REFERENCIAS
(1)De Soussa Santos, Boaventura, Reinventar la Democracia. Reinventar el Estado, Buenos Aires, CLACSO, 2005,p.9
(2) Montaner, Carlos Alberto, “A quema ropa”, El Venezolano, Broward y Palm Beach , Fl., agosto 09 a 22, 2012, p.6
(3) Montes, Pedro, El Desorden Neoliberal, Madrid, Trotta, 1996, p.51
(4) Montaner, Carlos Alberto, Art. Cit.
(5) Muñoz Bata, Sergio, “Otra vuelta de tuerca a la derecha”, El Nuevo Herald, 15 de agosto, 2012, p.11ª
(6) Cobo, Sabina, “El Presupuesto de Paul Ryan”,El Nuevo Herald, 18 de agosto, 2012,p.21A
(7) Descalzi, Guillermo, ”Romney-Ryan”, El Nuevo Herald, 14 de agosto,2012,p.11A
(8) El espectador.com, ”Zona euro al borde de la recesión”, 14 de agosto, 2012
(9) Garvin, Glenn, “El próximo trabajo de Obama”, El Nuevo Herald, 16 de agosto 2012, p.11A
(10) Calatayud, José Miguel, “Sudáfrica se asoma a la fractura social tras la matanza de los mineros”. El País.es, 18 de agosto,2012
(11) Rancière, Jacques, Política, Policía y Democracia, Santiago de Chile, Editorial LOM, 2006, p.12
(12) Mouffe, Chantal, En torno a lo político, Buenos Aires, F. C. E.,2005,p.56
(13) El Nuevo Herald, “Banki-moon hace llamado para frenar desempleo juvenil “, 11 de agosto,2012,p.8

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¿Qué es un maestro?

¿QUÉ ES UN MAESTRO?
Un MAESTRO es un loco que anda por ahí como Don Quijote, luchando contra molinos de viento que, al día de hoy, son mundos de indiferencia, con la ÉTICA crucificada por la barbarie que nos devora desde todos los aspectos de la vida, barbarie aupada por una ciencia convertida en tecnología y técnicas que devoran nuestros sueños de ser humanos al ser proyectadas al servicio de los más bastardos intereses deshumanizantes ( “homo homini lupus” que diría Hobbes, desprestigiando a los lobos) publicitados como mundos universales de LIBERTAD. Curiosa libertad que crece a diario como crecen las cadenas que nos aprisionan.
Pero el MAESTRO sigue, a veces encontrando el sentido de la lucha en la lucha misma. Porque ya cuando, incluso, se nos prohíbe hacer caminos al andar, hay que luchar para romper las ataduras que nos lo impiden. Para poder caminar, claro. Pero no para dejar huellas. Porque, lo importante, para un MAESTRO, no es dejar huella; tiene que, inclusive, borrar sus propias huellas para que sus estudiantes afirmen las suyas. Si lo logra, es posible que llegue a ser un MAESTRO, es decir, un loco que anda por ahí como don Quijote…

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CON OTROS OJOS

CON OTROS OJOS

Ven,
miremos el mundo
con otros ojos,
con ojos de ciego,
por ejemplo;
pero de otros ciegos,
imaginarios;
con otros ojos,
imaginarios;
no de los ciegos
que han oído y sentido
el mundo
tal como lo vemos.

Miremos el mundo
con otros colores:
no color de sangre
ni color de guerra;
no color de hambre
ni desplazamientos
ni desesperanzas;
no color de muertes
miserables,
labradas ,
tatuadas
con signo de burla:
“Libertad” en la frente,
en los huesos,
y en las fosas
macabras
de los hombres sin
nombre;
y de niñas-mujeres,
trofeos de guerra,
trofeos de vida,
trofeos de muerte,
mujeres, sin más;
violadas,
desgarradas,
masacradas
por falos brutales
de machos brutales;
y sometidas,
marginadas,
y excluidas
del oficio sacro
por falos potentes:
esos impotentes
del poder divino.

Ven,
miremos el mundo
con otros colores,
con ojos… humanos.

Jorge Mora Forero,
Weston, Fl., abril del 2012

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HONDURAS DEL INFIERNO

HONDURAS DEL INFIERNO

Infierno en la noche. Es
la cárcel: espejo de los buenos;
hogar de los muertos
vivientes.
Detrás de las rejas,
la muerte.
La muerte detrás
del espejo.

No es el primer
incendio:
los buenos repiten
su cuento.

La muerte
buscándote siempre,
con rapidez;
¿“El Chiras” te llamabas?
¿O “El Ñero”, o “ El Putas”?
O simplemente,
¿Pablo, Juan o Pedro?
¡Qué importa!
Un alias fue tu nombre,
siempre,
porque no fuiste TÚ;
nadie contó
jamás
tu verdadero nombre;
Humano era tu nombre,
nadie lo contó;
nadie lo pronunció.
Jamás.

Con tres infiernos
te marcó el Destino
-Sociedad Cristiana-:
ése en que naciste,
el primero,
las rejas que arrullaron
tu vida;
tus primeras rejas,
y luego,
las otras rejas,
rejas que sellaron
tu tercer infierno:
tu carne ardiente,
tus gritos de dolor
perdidos en la noche
con otros gritos
también perdidos,
como la vergüenza
de los gobernantes
de turno.

Y,
los poderosos,
esos que ríen sobre los muertos,
dicen: ¿qué pasó?
¿cómo es posible?
¡vamos a ver!
¡Por Dios! exclaman,
como si Dios
estuviese allí.
¡Por Dios!
Mientras,
esconden las manos sucias,
criminales,
que apretaron el candado
que te condenó
de por vida.
Afuera y adentro.

Pedro, Juan o Pablo,
“El Ñero”, “El Chiras” o “El Putas”:
ya no habrá otro infierno
para ti,
habrá otro, sí,
que albergará
por siempre
a los responsables
de este crimen;
a los que ríen sobre
los muertos,
si hay justicia alguna,
en alguna parte,
¡Por Dios!

Jorge Mora Forero
Weston,Fl. Febrero del 2012

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DE SONRISAS Y TRISTEZAS…EN POLÍTICA

DE SONRISAS Y TRISTEZAS…EN POLÍTICA
Me gusta mirar fotografías. No sé qué extraña tentación o morbo me presiona a hacerlo. Fotografías de seres humanos, por supuesto. Me quedo mirándolas fija y detenidamente.
Veo: los rasgos físicos, la vestimenta, el entorno, pero, por sobre todas las cosas, eso que yo llamaría “las honduras del alma”. Lo que se esconde detrás de la sonrisa y lo que duele detrás de la tristeza. Y me viene a la mente el hecho de saber que, por un lado, esa estampa es un intento de “presentificar” la vida; de reducir el movimiento eterno, de detener el tiempo, concepto que nos hemos inventado para domesticar ese movimiento. Por eso decimos, o alguien dice, al ver la fotografía: ese soy yo el día que… esa de atrás es la tía Pepa; miren: es el abuelo el día en que murió la abuela. Este es Hitler una semana antes de invadir Polonia. Ojo: es el presidente Kennedy, unos segundos antes de que le dispararan…
La fotografía es un pasado que se constituye en presente eterno. Por lo menos, para el personaje que aparece allí. Pero, por otro lado, y aquí están las ironías de la vida, como pasado, ese presente es, para el representado, un presente muerto. Algo que ya se fue. Ese yo que “estoy ahí”, ya no soy yo.
Toda fotografía en su ser presente es, al mismo tiempo, un momento de defunción. Es lo que fuimos. O, con título de cine romántico, lo que el viento se llevó.
Y, en estos días de crisis (por no decir años eternos), he visto unas fotos especiales. Muy especiales. Son fotos de políticos. ¡Vaya!, me dirán ustedes, ¿realmente no tienes algo menos inútil que hacer? Y yo les respondería: la verdad no. Hasta aquí me ha conducido esta “nadidad” posmoderna que ha impregnado hasta los tuétanos, el vivir.
La tentación de ver fotografías de los políticos tiene que ver, creo yo, con esa ilusión de la felicidad que se expresa en su cara y que irradia el futuro que nos prometen. O, quizás, tiene que ver con su cinismo que manejan con una maestría tal que cuando están pensando en sus intereses personales, nos hacen creer que están pensando en los nuestros; en los de todos los ciudadanos. Por eso, en este caso, a veces es tan difícil llegar a “las honduras del alma”; hay que contentarse con las facetas del rostro.
En medio de esta depresión económica que produce depresión sicológica e inestabilidad moral (para salvarse de de ella, cualquier medio es permitido. Aunque ya lo fue para llegar a ella, claro), he visto reír a muchos políticos. Y estrechar sus manos con una fuerza y una confianza tales que parece que con ello están redimiendo nuestras penas económicas y políticas.
Mijo, o mi amor; my love o my sweetheart; o mon amour, le dice la esposa al político (según las zonas geográficas y culturales), ¡cómo quedaste de creíble en esa foto! Y, por supuesto, ella tiene por qué saberlo. Él ha hecho su mejor esfuerzo, no sólo para posar con esa sonrisa ficticia que parece verdadera, sino para contratar al mejor publicista, o al mejor fotógrafo. Pero él está allí creíble. Tan creíble que su esposa lo ve creíble.
Así, he visto reír a José Durao Barroso, Presidente de la Comisión Europea; a Catherine Ashton, Representante de Asuntos Externos de la Unión Europea; a Rodríguez Zapatero, a Silvio Berlusconi y al griego, ahora momentáneamente “jubilado”, Yorgos Papandreu. Se rió tantas veces mientras las calles de Atenas ardían en protestas…
Hasta el presidente Obama ha reído. Con gran esfuerzo pero ha reído.
Es más: recientemente ha hecho gala de buen humor: le ofreció al nuevo Primer Ministro griego Georgios Papadopoulos, la ayuda de Estados Unidos para superar la crisis de la deuda. Esto en un momento en que la deuda americana ya pasó los 15 trillones y en que la Comisión Bipartidista encargada de proponer un comienzo de solución al problema, ha declarado que fue imposible ponerse de acuerdo, arriesgándose a una nueva descalificación por parte de las agencias respectivas. Claro que Papadopoulos, otro humorista, aceptó el ofrecimiento con una sonrisa.
Pero a quien he visto reír tanto, en estos últimos días, es a don Mariano Rajoy, elegido por una mayoría abrumadora como Jefe del Gobierno Español. Ha salido a los balcones a levantar su mano y a sonreírle al público. Nos ha dicho poco menos que la Historia de España se cortará en dos: AMR y DMR. Léase: Antes de Mariano Rajoy y, Después de Mariano Rajoy.
Con oratoria caliente por los aplausos y los gritos de victoria, nos llevó a la Época Imperial del Carlos V del Siglo XVI al decirnos que España (bajo su gobierno) estaría donde debe estar: a la cabeza de Europa. Y le estampó un beso a su esposa como en cualquier besatón de triunfo que se respete.
Por eso me sorprendí al ver la página 4A de El Nuevo Herald del día 23 de este mes de noviembre en la que, bajo el título “Recelo de mercados por crisis en España”, aparece una fotografía del señor Rajoy con sus lentes trasparentes y el rostro apesadumbrado, como si hubiese visto un fantasma. Y, no es para menos: la señora Merkel que, como excepción en los políticos, casi nunca ríe, lo ha llamado para que “aplique” inmediatamente su triunfo a tomar las medidas necesarias para que España no vaya al rescate. Lo mismo hicieron “Los Mercados” al aumentar la prima de la deuda. Esto debió trastornar los sueños imperiales del señor Rajoy y ponerlo en la realidad cruel e incierta de la burbuja del ladrillo y del crecimiento a debe que ha llevado a España a donde está, y para arreglar la cual, nunca presentó un programa sino que se limitó a cabalgar sobre las desdichas de Rodríguez Zapatero, con un aire triunfalista que lo hacía sentir como el elegido de los dioses. O de sus representantes en la tierra que tanta participación tuvieron en su triunfo.
Pero, ¿para qué presentar un programa?, habrá pensado el señor Rajoy. Y con buena razón. En efecto: en los tiempos de la buena política, los programas eran presentados por los partidos políticos que eran los intermediarios entre los ciudadanos y el Estado y que buscaban el poder de administración para dar respuesta a las necesidades insatisfechas de los ciudadanos. El programa era defendido por el candidato. Pero hoy, cuando la política ya no es lo que era, los partidos son máquinas electorales y el candidato, el producto que se vende a través del Márketing para triunfar sin ninguna ética política, sólo apuntando a conservar las prebendas, o a lograrlas si se estaba en la oposición.
Y, entonces…¿ el programa? Este lo tienen listo “Los Mercados”. Se limita a “Ajuste Fiscal”. O sea: desregularización laboral, recorte en pensiones o aumento de la edad para pensionarse, impuestos indirectos por la vía del IVA; recortes sociales de todo tipo, lo que impacta la educación, la salud, la vivienda, los auxilios para la tercera edad y para los niños, el trabajo cultural, etc.
Es decir, se produce la ruptura del “Pacto Social” que nos ha constituido como sociedad política, dejándonos a la deriva con un ¡sálvese quien pueda! de por medio, con todo lo que esto implica como desastre individual y colectivo.
¿Será esto lo que ha visto el señor Rajoy en la foto que les comento?
Muy seguramente. Esto y mucho más: las plazas de España llenas de indignados por las medidas que va a tomar y que aumentarán la recesión, como ha pasado en Grecia y en Portugal. De lo contrario, no se explicaría esa cara de tristeza y de asombro, después de tantas risas. Tenía razón el poeta al escribir aquellos versos de “Reír llorando”:
¡Ay, cuántas veces al reír se llora!
Nadie en lo alegre de la risa fíe;
Porque en los seres que el dolor devora
El alma llora, cuando el rostro ríe.

Jorge Mora Forero,
Weston, noviembre del 2011

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…Y NO SABEN QUÉ HACER

…Y NO SABEN QUÉ HACER

Eso es exactamente lo que pasa.
Van y vienen. Como las gotas de llovizna abandonadas a merced de vientos borrascosos.
Se llaman por teléfono con voz entre furiosa y angustiada. Y no es para menos. Dos canes agresivos corren tras ellos. El primero, “Los Mercados” que se han engullido el presente y el futuro de Grecia y que tienen ahora sus ojos puestos en las próximas víctimas: la Italia del Caballero de la Dolce Vita que elabora leyes con nombre propio, y la España del socialista Rodríguez Zapatero que socializó las pérdidas a costa del empleo y de la degradación de la fuerza laboral y de la vida de los sectores populares y de las capas medias.
El otro mastín furioso, son “Los Indignados” que acampan con sus protestas desde la Plaza del Sol hasta Wall Street, pasando por Tel Aviv (¡quién lo creyera! La “Tierra Prometida” no ha sido para todos los judíos), hartos de los políticos mentirosos y corruptos que se han puesto, sin vergüenza de ninguna clase, al servicio de “Los Mercados”, el perro caníbal que cada vez les exige más.
Obama en trance de reelección sin motivación ciudadana, llama (por no decir, grita) a los europeos para que ordenen sus finanzas. Él mismo que ha sido incapaz de hacerlo en casa porque, a veces, ni los mismos demócratas le hacen caso. Sarkozy llama a Merkel; Merkel llama a Sarkozy. Los dos llaman a Papandreu para que siga ahorcando a Grecia con el fin de que sirva como escarmiento para aquellos que, como el citado Caballero de la Dolce Vita, se hagan los zonzos al colocar las sogas a sus pueblos, siguiendo el mandato de Bruselas, uno de los voceros del capitalismo salvaje.
Se reúnen los mandatarios de la Zona Euro para aumentar el Fondo Europeo de Estabilización financiera (FEEF), de 440.000 millones de euros, a ¡un billón de euros ¡ sí, UN BILLÓN, tal como suena. Cifra grande para nosotros, pero pequeña para hacer frente al monto de las deudas de Grecia, Italia, España y de los que vengan luego. Cifra que, al final, saldrá del bolsillo de los contribuyentes europeos. Y, todo para dar gusto a los especuladores bancos alemanes, franceses, españoles, americanos (lo que explicaría las angustias de Obama), etc., que están llenos de activos tóxicos y de deudas públicas.
Antes, Obama no dormía cuando no le aprobaban el nuevo techo de la deuda. Es muy probable que siga con insomnio por los problemas que tiene Estados Unidos. Pero, además, ahora tampoco duermen, ni Sarkozy, ni Merkel, ni la burocracia de Bruselas. Menos aún, al saber que su pupilo Papandreu, traicionando su confianza, y por los conflictos internos que se crecen cada vez más, convocó a un referéndum (con olor a chantaje) en Grecia, para que el pueblo mismo (el Démos) aprobara o desaprobara lo que él había negociado. Entre otras cosas, la condonación de la mitad de la deuda griega. Esto ha sido criticado por los poderosos del casino mundial. El pueblo decidiendo sobre asuntos económicos, ¡imagínense! ¿A quién se le ocurre aquello de “Los pueblos primero”? La democracia no da para tanto… Por eso Papandreu tuvo que retroceder en su propuesta de referéndum ya que fue llamado al orden (financiero) por Merkel y Sarkozy que no querían que diera tan mal ejemplo. ¿Qué quería? ¿Que Italia y España, u otros, pidieran referéndums? ¿O condonación de sus deudas en más del 50% ya que habían hecho mejor la tarea que los “irresponsables” griegos?
No podía tolerarse esa locura. Si es necesario: que caiga Papandreu. Pero los bancos, ¡Jamás!
Simple lógica del capital…
La “zancadilla” de Papandreu ha puesto “nerviosos” a los mercados y ha descolgado las bolsas que han sufrido fuertes pérdidas. El impacto ha repercutido en el encarecimiento de las deudas italiana y española, amenazando con un caos en cadena. En este contexto, la Vieja Europa, la que colonizó el mundo con el hombre blanco como modelo de hombre, acude a China para suplicarle que la ayude a salir del fango.
Es curioso; ¡ironías que tiene la Historia!, ese extraño Oriente poblado de seres amarillos pequeños, con ojos rasgados (tal como los vieron, o los imaginaron, los colonizadores europeos), objeto de estudio, no de las Ciencias Sociales (estas eran para el hombre blanco), sino del Orientalismo, es invocado ahora como su salvador… Los hijos de Cronos devorando a su padre. ¡Oh, por Zeus!
Pero, vamos:
Fuera de los anteriores, hay otros que no pueden dormir: los de la Cumbre del G-20 que se reúnen en Niza para lo mismo de siempre: ver cómo solucionan el problema de las deudas públicas y cómo reactivan la muy enferma economía mundial, mientras afuera se oyen las protestas de miles de encolerizados ciudadanos venidos de muchas partes del mundo.
No duermen los que miran a Siria, bien sea con el ánimo de bombardear a Al Assad (“sin querer” matarlo, por supuesto), o de tratar de evitar, a como dé lugar, una violencia descontrolada. Pero observemos:
La ONU se apresta a investigar a Siria porque parece que estuvo tratando de conseguir tecnología para fabricar armas nucleares. No demora en aparecer el testigo que diga que este material procedía de Teherán. De ahí a soltar las bombas sobre Damasco, o sobre las montañas iraníes que tienen en su vientre las centrifugadoras nucleares, hay un paso muy corto. Y, ahí estará pronto el “Neo-Sarkozy”, listo para iniciar los festejos (Netanyahu ya ensayó el misil para bombardear la República Islámica). Si es que no lo hace el mismo presidente de Francia, convertido en “liberador” de África. Porque nadie ha aprendido la lección (claro, los débiles no tienen opción de aprenderla): toda liberación trae presta una nueva cadena y, por lo tanto, una nueva esclavitud.
Pero, dejemos de lado las digresiones y pensemos:
No es lo mismo ir contra Libia que contra Siria o Irán. Desestabilizar a estos países, es desestabilizar todo el Mediterráneo Oriental, el Medio Oriente y el Norte de África, con unas consecuencias impredecibles. No hay que olvidar que, en el caso de Siria, el régimen de Bachar Al Assad es un régimen secular; no religioso, y que Irán es un país con 70 millones de habitantes, muchos de ellos fanatizados dentro de un islamismo radical de odio al Occidente.
Y, tampoco hay que olvidar que en Libia los liberadores han inaugurado su régimen con la muerte salvaje y grotesca de un Gadaffy indefenso (por más criminal que fuese), y con el establecimiento de la Sharia como fuente de gobierno…
Claro que a quienes sólo les importa el petróleo, no les importa que gobiernen con la Sharia, o sin ella. Lo mismo pasa con los señores de la guerra (y con sus financiadores y abastecedores): mientras más consecuencias negativas se deriven de un conflicto, tanto mejor. Y, la experiencia histórica nos muestra una constante: cada vez que la economía está en un callejón sin salida, la guerra se presenta como la vía de escape.
Entonces:
Business is business; lo demás es filosofía barata en este mundo posmoderno.
Tampoco duermen los de la Reserva Federal (Fed): Ben Bernanke y sus muchachos, porque nada que se activa la economía americana por más que el gobierno haya salvado, con fondos públicos, a los bancos tramposos y, por más que la misma Fed haya entregado a los mismos bancos, toneladas de papel-dólar, a veces, con cero intereses. A este paso, la Fed va a tener que pagarlos a quienes tomen dinero prestado. Pero, me temo que, ni aún así, reactivarían la economía porque el ganador de intereses lo pensaría dos veces antes de utilizar un capital que, de pronto, podría perder en medio de la creciente crisis.
No duermen: los de la Cumbre Iberoamericana de Paraguay, saboteada por los jefes de Estado de los principales países de esta Asociación. Allí quedaron claras dos cosas: una, que España, que paga el 70% de las Cumbres, no tiene mucho qué ofrecer a Iberoamérica, en este momento, por los problemas que la agobian. Y, la otra: que, como dijo el presidente Piñera, estamos hartos de tantas reuniones que no llevan a nada concreto. No llevan a implementar pasos positivos para el desarrollo.
Claro que, si sabía esto (y tenía por qué saberlo), el presidente chileno no debió ir a Paraguay. Debió quedarse en casa, tratando de arreglar, así fuese a medias, el conflicto estudiantil que ya lleva seis meses con su protesta contra la educación-negocio (¡qué infamia!) y por una educación de calidad. Palabra que, para algunos pontífices de la economía rapaz sólo significa dar mayor información y, en algunos países de América Latina, preparar mano de obra técnica para las transnacionales. Basta con formar robots de alta productividad para implementar algún valor agregado, si la competencia china lo permite. Y, para ellos, basta, también, con formar las élites que van a dirigir los países, siempre “de acuerdo con ‘Los Mercados”.
Pero no podemos encontrar la CALIDAD que buscamos, (así con mayúscula), en ese modelo. Porque, a nuestro juicio, CALIDAD quiere decir: igualdad de condiciones para el acceso a la Universidad (sin quedar hipotecado de por vida en ese proceso de bancarización educativa que ocurre en nuestros países), vista ésta como un espacio de formación ética e investigativa, con posibilidad de producir el más alto conocimiento y los caminos para llevarlo a las mayorías, y no para el 1% que controla la mayor parte de la riqueza y, por lo tanto, de la vida de la gente.
CALIDAD es convertir, no en números sino en sujetos con significado existencial, a estudiantes, profesores, trabajadores y personal administrativo, como representantes de una sociedad democrática, entendida la democracia como un espacio humano para vivir con dignidad.
Pero la CALIDAD es de doble vía: implica, también, un altísimo grado de responsabilidad y compromiso de parte de los actores universitarios, con el fin de utilizar los recursos de la manera más productiva posible, para afrontar los desafíos de un modelo de vida globalizado.
Con ello queremos decir:
IDEOLOGÍA, entendida como la visualización de un nuevo proyecto de sociedad, sí; IDEOLOGISMO, como exhibición y repetición de eslóganes sin contenido, no
CIENCIA, como elaboración de conocimiento con utilidad social, sí. CIENTISMO, como repetición maquinal de fórmulas hechas en otras realidades, sin una apropiación adecuada, no.
POLÍTICA, como actividad encaminada a transformar el Estado y dotarlo de excelencia ética, sí (aquí, la educación tiene su mejor sentido político). POLITIQUERÍA, como actividad orientada al “protestantismo puro”, o a la consecución de intereses particulares, no. DEFINITIVAMENTE NO.
Por eso decimos:
NO, a la Universidad entendida como una empresa eficiente y eficaz de acuerdo con el Producto Interno Bruto (PIB), y SÍ a la Universidad que está de acuerdo con el Producto Humano Inteligente (PHI) que es el profesional que egresa de ella, formado científica y éticamente y, por lo tanto, con real capacidad transformadora. Y es, también, PHI, ¿por qué no decirlo?, la sociedad que lo recibe.
Mientras tanto:
Juntas, Encuentros, Congresos, Reuniones, Acuerdos, Cumbres, etc., todo esto tan ajeno a la vida de los simples mortales. Vivencia de una burocracia demasiado costosa que se legitima con el papel.
Y, al final:
¡NO SABEN QUÉ HACER!
Jorge Mora Forero
Weston, Fl. Noviembre del 2011

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OBAMA: PRESIDENTE ACORRALADO

Nos referimos, por supuesto, al Presidente de los Estados Unidos de América. Y, algunos creen (todavía), que del mundo.

Lo vimos, antes de la “solución”, hablando por televisión para decirnos que si no se elevaba el techo de la deuda (eufemismo para decir que el Gobierno Federal no tenía plata para cumplir, en este momento, con sus obligaciones), estábamos abocados al desastre. Y la fecha apocalíptica pendía sobre nosotros como una Espada de Damocles cuyo hilo sustentador se adelgazaba, cada vez más, a medida que se acercaba: 2 de agosto.

Y, decía el Presidente que los republicanos eran los culpables de todo, puesto que los radicales del Te Party que habían jurado en sus campañas para el Congreso, recortar el déficit fiscal sin subir impuestos, se oponían a cualquier solución negociada.

En esta confrontación hay, por lo menos, cuatro aspectos que conviene tratar:1) La deuda y su dinámica.2) La situación del país. 3) La política partidista y 4) La actitud del Presidente.

1.-La deuda y su dinámica.

Si usted está leyendo este artículo, mire atentamente su reloj y cuente 60 segundos. Bien; en este minuto que acaba de pasar, el Gobierno Americano se ha endeudado en un millón de dólares más. Si tiene a mano internet, échele un vistazo al US National Debt Clock y verá cómo la deuda crece como un gigantesco monstruo de las películas de terror, con la diferencia de que aquí, en las películas, el monstruo, finalmente, es destruido o, por lo menos “congelado”, hasta la próxima película. Pero eso no ocurre con la deuda porque quienes tienen que afrontarla no se ponen de acuerdo en cómo hacerlo o, incluso, porque hay quienes, entre ellos, quieren que el problema explote para disfrutar de la destrucción como bien lo planteó The New York Times en su editorial del 25 de julio (1).

La deuda fue agigantándose, sobre todo, en las últimas décadas. De US$ 11.5 millones (11.500.000) en 1917 (2), ha llegado ahora a ¡US$14.3 trillones (14.300.000.000.000)!, el PIB del país.

Impagable, ¿verdad?

El Presidente dice que “no somos Grecia”. Pero, meditemos: si para tratar de rescatar a Grecia, con préstamos que cubren alrededor del 50% de su deuda total de unos US$500.000 millones (aproximadamente), han tenido que contribuir a regañadientes los bancos privados (los mismos que le prestaron a Grecia, especulativamente) porque no pudieron hacerlo solos el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, ¿dónde estarían los prestatarios que, facilitaran 7 trillones para rescatar a los Estados Unidos del 50% de su deuda? Monto que abarca sólo el Estado Federal, no las demás unidades políticas: Estados, Condados y Municipios.

Si tenemos en cuenta que cuando comenzó el gobierno del Presidente Bush II, la deuda era de 5.7 trillones y que cuando se retiró era de 10 trillones, podemos concluir que en la última década (Bush II + Obama) aumentó más del 50%, es decir, más que en los anteriores 60 años a partir de 1940.

Es el resultado de gastar más de lo que se recibe, acudiendo a los préstamos con el fin de no gravar, o de gravar muy poco a los grupos de poder, de acuerdo con los ingresos. Para poner un ejemplo de esto último, “George W. Bush usó el pretexto de la guerra y el gasto militar para rebajar impuestos a las grandes corporaciones y a los ricos, subió el gasto fiscal, recibió incrementos en el techo de la deuda 7 veces… [Reagan lo había hecho 11 veces]” (3). Y dejó bien iniciada la crisis que recibió como herencia el Presidente Obama. Pero él prorrogó esa multimillonaria pérdida para el fisco, misma que ahora (con retórica poco creíble), quería recortar.

Entonces:

Las guerras, los gastos en agencias de seguridad; la promoción del Américan Way of Life (con el nombre de Democracia) a nivel planetario, las ayudas federales de todo tipo, muchas veces diluidas en medio de la corrupción y la estafa; el salvamento de los bancos que juegan con títulos basura, así como la falta de competitividad frente a las economías asiáticas que han llevado a los norteamericanos a gastar al debe, han traído como resultado el aumento veloz e imparable de la deuda.

De cada dólar que gasta el Gobierno Federal, tiene que sacar prestados 40 centavos. Así no se puede…

2.- La situación del país.

El país vive una polarización social que se expresa en un hecho diciente: una minoría absoluta concentra cada vez más el mayor volumen de ingresos y una mayoría recibe cada vez menos. El resultado es una baja en el nivel de vida que se muestra en un empobrecimiento y en una estrechez en el vivir de las clases medias y de las clases trabajadoras, con presencia de rasgos étnicos.

Lo anterior se ve, entre otros aspectos, en la desigualdad entre la riqueza de los hogares, según datos generados en Washington: “El valor medio del (patrimonio) hogar de los anglos es veinte veces mayor que el del hogar negro y dieciocho veces más alto que el del hogar hispano” “Entre 2005 y 2009 el valor del patrimonio medio de los hogares hispanos en Estados Unidos ha disminuido un 66 por ciento y esa caída ‘fue la mayor para cualquier grupo racial o étnico’. “… se mantienen los negros como el grupo más pobre de los tres” (4). Con relación a esto, valdría la pena mirar el color de las estadísticas carcelarias.

El desempleo, aumentado por la crisis (que, a su vez, es una manifestación de LA CRISIS ESTRUCTURAL), ha agudizado el problema. El resultado ha sido una crispación política aupada por la extrema derecha del Partido Republicano (el Tea Party) que está arrastrando con ella a todo el partido, impidiendo los famosos consensos políticos funcionales de que habla el Presidente.

Claro que, para él, “consensos políticos funcionales”, ha significado ceder ante los republicanos en el recorte alto de los gastos sociales, a cambio (y a medida que se acercaba el 2 de agosto) de lograr algún aumento de impuestos, así fuera simbólico. Con el “arreglo”, ni eso logró. El “consenso”, fue de una sola vía.

3.- La política partidista.

Republicanos y demócratas son culpables de la subida de la deuda. Los primeros, la han acrecentado con Reagan y Bush II, principalmente. Pero los otros han aprobado.

Los primeros son más unidos que el partido del Presidente, ya que hay un grupo de cerca de 40 congresistas demócratas conservadores, los “blue dogs” que, en cuestiones fundamentales, votan siempre con el Partido Republicano. Esa es una de las razones por las cuales el Presidente no pudo tramitar proyectos de sus promesas de campaña.

Del proyecto de Reforma de la Salud quedó muy poco comparado con lo prometido. Eso sin contar con el hecho de que muchos Estados se unieron para demandar, por inconstitucional, lo poco que se aprobó. Y, claro: no logró lo principal que era crear un seguro oficial de salud que compitiera con las aseguradoras privadas.

Desde las elecciones pasadas, los republicanos se propusieron evitar, a como diera lugar, la reelección de Obama. Muchos de sus candidatos al congreso, juraron hacer recortar el déficit sin aumentar impuestos. Cuando se habla de esto, en lenguaje republicano, no se trata de evitar impuestos para todos, sino para los ricos, empresas, corporaciones y altos ejecutivos. Pero, en su propaganda suena bien: ¡no a los impuestos!

Y, hay quien los controla en Washington para que cumplan su juramento.

Los demócratas, después de la derrota, actúan a la defensiva. E históricamente, en la confrontación sobre administración del Estado, los demócratas han cedido mucho más que los republicanos. Por eso, en general, hubo un entendimiento.

Pero, ahora, todo es bloqueo por parte de los republicanos. “Destrucción” la llamó el citado The New York Times (“The republican wreckage”) porque “han oscurecido el futuro de millones de desempleados… y han convertido al Gobierno Federal en un hazmerreir en el mundo entero” (5).
También, alarmado por esta actitud, el senador Harry Reid, líder de la exigua mayoría demócrata en el Senado, “alertó para no permitir que ‘estos extremistas’ dictaran el curso del país (6).

Pero, lo están dictando. Y, el pueblo, o lo que llamamos tal, hundido en un mundo de inseguridades, o no es muy consciente de eso, o no le importa. O no tiene poder o mecanismos para actuar. Y si algo llegaren a perder con él, a los republicanos les bastará, para obtener su favor, un poco de publicidad sobre la pérdida de los valores de los padres fundadores; sobre el terrorismo que nos acecha y sobre la inmigración que nos invade y frente a la cual hay que levantar muros en todas las fronteras y activar policías en todo el país para expulsar a los, ahora, indeseables.

Y, agregar oratoria bien subida de tono. El miedo produce resultados. Como siempre…

4.- La actitud del Presidente.

Este tiene, también, su parte negativa en lo que está pasando.

Elegido con una muy buena votación para relanzar el país después del desastre en que lo dejó Bush II, fue sufriendo, con el paso del tiempo, una “bushización” que lo llevó a incumplir sus promesas de campaña y, salvo en algunos aspectos no muy importantes, a continuar, con mayor énfasis la política de su antecesor.
Recibió el país con dos guerras, para terminarlas y, ahora, tiene esas dos sin terminar, y una tercera en desarrollo, con el agravante de que en la de Libia se metió sin pedir permiso al Congreso.

Imbuido de un pragmatismo basado en la “ideología” de los consensos, se dedicó a consentir a los republicanos, al grado que no realizó, de cara al país, un “estado de la cuestión” para informarle de la herencia que recibía y, además, les dejó la Secretaría de Defensa, con su fenomenal presupuesto, para granjearse su buena voluntad. Pero, la “ideología” de los consensos tiene el problema de que, cuando la relación entre las partes es bastante asimétrica, se corre el riesgo de que la parte menos poderosa, acabe diluida en la parte más fuerte. En el caso de la política, esto ocurre en la manera de administrar el Estado.

Como dice Chantal Mouffe: “no existe consenso sin exclusión, ningún ‘nosotros’ sin un ‘ellos’, y ninguna política es posible sin el trazado de una frontera” (7).

Aquí, la exclusión que se da es la del programa demócrata con sus contenidos de corte social. Entonces: o el programa demócrata es similar al republicano y, por lo tanto, sobra; o es algo que sirve, solamente, para atraer votos, haciendo promesas de campaña que no podrán cumplirse. En este caso, es un engaño. La frontera se diluye frente al pragmatismo.

Es lo que le ha pasado al Presidente con su consenso. No se ha ganado la voluntad de los republicanos que le han declarado la guerra a muerte para sacarlo del gobierno (puesto que EL PODER, así con mayúscula, está más allá), y los electores ya han estado cobrándole el incumplimiento de sus promesas. En este sentido, es muy diciente la lección que nos deja la triste historia de Rodríguez Zapatero en España: ganar las elecciones y llegar al gobierno con un programa de izquierda y, luego, salir por la puerta de atrás, en solitario, por realizar allí, el programa de la derecha. Y, esta última ríe, (en todas partes), mirando cómo la izquierda le hace su trabajo.

Con relación a las promesas del Presidente Obama:

Guantánamo sigue ahí con sus prisioneros. De Irak retirará las tropas al final del año pero, según el último informe del mismo gobierno americano, la situación ha empeorado en el último año.

De Afganistán prácticamente retirará las tropas que envió después, y un poco más. En los dos países, sobre todo en Afganistán, quedarán miles de soldados en bases militares y de entrenamiento con atribuciones de participar, nuevamente, en combates, si es necesario. O sea: es un retiro sin retirarse.

Afganistán: empantanado por la guerra del Talibán que no cede, vive, junto con Irak, nadando en la corrupción que se alimenta de los dólares de los contribuyentes americanos y del crecimiento de la deuda.

La reforma migratoria fue un pase mágico del candidato Obama para atraer el voto de los hispanos. Estos no le perdonan que durante su gobierno haya habido más expulsiones de ilegales que durante cualquier otro. Y que no use sus atribuciones presidenciales para detenerlas. Y no las usará porque sabe que la mayoría de los americanos, incluidos muchos hispanos, están de acuerdo con ellas, por lo cual, y según los cálculos reeleccionistas, no conviene ir contra esa mayoría.

Pidió tres veces el alza del techo de la deuda, y de eso lo que quedó fue el salvamento de los bancos que habían contribuido grandemente a prender la mecha de la crisis estructural. Pero, en cambio, fue creciendo el desempleo, miles y miles fueron perdiendo sus viviendas; cantidades de escuelas fueron cerradas y sus maestros quedaron en la calle. La reforma de la salud, su mayor logro, bastante reducido como hemos dicho, está en duda evaluativa desde el punto de vista práctico en cuanto a costos y beneficios (8), y en duda de constitucionalidad, por la obligatoriedad del seguro de salud.

Ahora, con motivo del debate abierto en esta su tercera subida de deuda, los republicanos ya lo acusan de ser el culpable de la degradación de la deuda americana por parte de la calificadora Standard & Poor’s de AAA a AA+ y de sus consecuencias que están llegando.

En este contexto y con una economía que amenaza con recaer antes de levantarse, es muy difícil que logre la reelección, por más millones que haya recaudado para la nueva campaña. A no ser que la alternativa republicana sea percibida por los electores como algo peor que la reelección.

Y no es que el Presidente sea “malo”; es que el sistema no funciona para las mayorías que ven decaer su nivel de vida. Tampoco es que no haya hecho nada bueno; es que eso (nuevo trato en las relaciones internacionales, igualdad de los homosexuales en la Armada, impulso a la investigación con células madre, dinero enviado a los Estados para obras de infraestructura con el fin de crear empleo, devolución de impuestos para promover el consumo, subsidio para comprar vivienda y carro, etc. Incluso la reforma a la salud), debido a la profundidad de la crisis, por lo que sea (mala publicidad republicana, por ejemplo), no es percibido por las mayorías como algo que las beneficie.

Y, para terminar, volvamos a… ¡la deuda!

China, el mayor acreedor de los Estados Unidos, está muy preocupada por lo que pueda pasar, y cada vez más propone crear una divisa de reserva internacional, diferente del dólar. A su vez, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, hace un llamado a solucionar el problema y alerta sobre cómo, por la crisis, se han encarecido las materias primas de tal manera que, en un año, esto ha enviado a 44 millones de personas a la pobreza (9).

Hoy es bien sabido que la deuda es una consecuencia de desajustes estructurales. En palabras sencillas: por un lado, el gobierno gasta más de lo que recibe y, por otro, para equilibrar no pone los impuestos de rigor a quienes más tienen.

Lo primero, o sea gastar, es muy fácil. Es más: es de obligación. Ser potencia exige gastos. Y muchos. Hay que dar millones para “promover la democracia”; ayudas de diversos tipos para los aliados. Financiar las guerras y mantener el aparato de seguridad a nivel planetario, para poner algunos ejemplos.

Este aparato guerrero y de seguridad ( puede ser una redundancia), es un PODER EN SÍ MISMO, que escapa al poder presidencial. Su crecimiento es exponencial y los recortes en esa área, si llega a haberlos, serán siempre muy bajos con relación al volumen asignado en el presupuesto.

Con respecto a lo anterior, valga decir lo siguiente: para elevar el techo de la deuda, el Congreso acordó hacer también recortes en el presupuesto de Defensa, pero el nuevo Secretario, León Panetta ya dijo que éstos se realizarán con extremo cuidado y que “no aceptará recortes drásticos al presupuesto del Pentágono que puedan causar un daño real al la seguridad de los EEUU…” (10). Y, si en algún momento se necesitan más recursos ( por una nueva guerra, por ejemplo), el Congreso no los negará.

En cuanto a lo segundo impuestos a individuos ricos, empresas, corporaciones y altos ejecutivos), la cosa es muy difícil, por no decir imposible.

Quienes más ganan, tienen su representación en los congresistas republicanos y en un sector de los demócratas. Su argumento operativo es que los impuestos impiden crear empleo. Su filosofía de fondo es que el individuo con su riqueza no tiene por qué financiar un Estado que lo esclavice., Estado-sí, para que les garantice la seguridad, pero Estado-no, para fines sociales porque, de acuerdo con esta visión del mundo, quienes se han ganado la riqueza ( con la bendición y la protección de Dios), no tienen por qué financiar parásitos. Para ellos, “Lo social”, es un invento diabólico de socialistas y comunistas. Como lo dijo alguna vez Margareth Thatcher, (si mi memoria no falla), la sociedad no existe; existen los individuos.
Y, la Modernidad está fundamentada en el individuo que se sublimó, filosóficamente, en la categoría de sujeto..

Pero, por otro lado y, en este mismo aspecto, con la economía globalizada, es fácil evadir impuestos para quienes quieren hacerlo: están los paraísos fiscales, o el traslado del dinero hacia otras zonas de inversión.

Y, si no se puede con lo anterior, queda , como salida legal o paralegal, la evasión interna, a través de donaciones, exenciones y demás disfraces que contadores especializados en la trama, utilizan para maquillar la estafa o semiestafa al fisco.

A veces se alega que son los ricos quienes pagan más del 50% de los impuestos del país. Si así fuera, sería apenas lógico. Pero, aún en ese caso, utilizan los números para decir cuánto pagan, no cuánto ganan. Y las cifras de concentración de la riqueza y del ingreso, sí lo muestran.

Dadas las consideraciones anteriores, es muy poco lo que se puede hacer, desde los impuestos, para reducir la deuda. Y hay la sensación de que se está llegando al círculo de acreción, o sea, al punto de no retorno (11). Así que el miedo a pasar el límite ( si es que no se ha pasado ya), llevará a utilizar la tijera, de tamaño gigantesco, para cortar al máximo los gastos sociales ( salud, vivienda, educación, pensiones, ayudas a centros infantiles y de tercera edad, centros comunitarios, cursos de arte, cursos de español, subsidios de desempleo, etc.), sin contemplación de ninguna especie. Esto degradará, aún más de lo que están hoy, las relaciones sociales lo cual producirá “inestabilidad” y “crispación social”, en palabras de la directora gerente del FMI, quien advierte ( y con toda razón), que “Las turbulencias pueden volver fácilmente” (12).

Y, es casi seguro que esto no contribuya a reducir la deuda y menos, a pagarla. La re-desaceleración económica, a nivel planetario, creará conflictos en distintos puntos del globo, que obligarán al Gobierno Americano a intervenir y a gastar, cada vez más, recursos inexistentes para lo cual tendrá que recortar, más todavía, los gastos sociales, abocándose, quizás, a un movimiento de indignación interna. Es cuestión de tiempo…

Pero, ahora, el Gobierno tenía que cumplir los compromisos. Había alrededor de 80 millones de cheques federales que necesitaban fondos el día 2 de agosto. Si no se hubiera elevado el famoso techo, nos hubiéramos abocado a una crisis que, como lo dijo, en días pasados, Christine Riffart, economista especializada en asuntos americanos del Observatorio Francés de Coyunturas Económicas ( OFCE), “ Será más importante que la caída de Lehman Brothers, será una crisis cataclísmica” (13).

Como sea, aprobada ya la subida del techo de la deuda y, salidos, momentáneamente, del atolladero, lo que nos muestra este impasse, es que Estados Unidos ya no es confiable, que los inversores no van a prestarle, fácilmente, porque se arriesgan a que no les pague… ¡ni siquiera los intereses!

Una muestra de este sentimiento es que muchos inversores, frente a una posible degradación de la deuda americana ( lo que efectivamente ocurrió, como lo vimos arriba), para proteger su plata estuvieron pensando en cambiar sus, cada vez más, devaluados dólares, por divisas extranjeras, incluido el real brasileño (14). Claro que una caída de Estados Unidos, no dejará monedas buenas en el resto del mundo. Ni siquiera el yuan, dada la dependencia china de los mercados americano y europeo, este último con el euro bailando en la cuerda floja hasta cuando “LOS MERCADOS”, hoy los amos del mundo que han convertido la democracia en una ficción, decidan degradar los bonos españoles y portugueses ( y, quizás también los italianos y… franceses) a bonos basura. Entonces…

(1) The New York Times, “ The Republican Wreckage”, (Editorial), 25/07/11
(2) Le Monde, “Comprendre la crisis de la dette américane”, 26/07/11
(3) Covo, Sabina, “Son los impuestos, estúpido”, El Nuevo Herald, 24/07/11
(4) El Nuevo Herald, “Crecen las brechas de la riqueza”, 27/07/11
(5) The New York Times, edit. Cit.
(6) El Nuevo Herald,26/07/11
(7) Mouffe, Chantal, En torno a lo político, Argentina, F.C.E., 2009, p.79
(8) Véase, al respecto: Revista Ercilla No.3.395. “Una reforma favorable a los seguros”, Santiago de Chile, 5/4/10
(9) El Espectador, “Las turbulencias pueden volver fácilmente: FMI”,26/07/11
(10) El Nuevo Herald,, “Recortes no afectarán la defensa”, 04/08/11
(11) Véase: Hispano, www.hispano.com
(12) El Espectador, art. Cit.
(13) Le Monde, art. Cit.
(14) El Nuevo Herald, “Un ‘default’ puede dañar al sur de la Florida”, 27/07/11

Weston, Fl., 06/08/11

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